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Por: Profesora Carmen J. Fernández Espada

A mi juicio no se trata de que imperen nuestras preferencias o gustos, sino la razón y el sentido común.

Back to School wiht Mask

Foto: Olivier Fitoussi

Prof. Carmen J EspadaLuego de un fin de semana, largo para muchos e intenso para otros, Puerto Rico inició el lunes 6 de julio con la nefasta noticia de que por primera vez en tres meses las cifras de contagios y posibles contagios por C-19 alcanzaron cifras nunca antes vistas (https://www.telemundopr.com/ /puerto-rico/tras-marcada-alza-en-positivos-por-covid-19-preocupado-el-secretario-de-salud). Esto nos coloca de cara a un cercano reinicio escolar para el que ya el secretario del Departamento de Educación de Puerto Rico ha presentado un Plan de Contingencia ante el Covid-19 que establece que las clases serán de manera presencial en la mayoría de las escuelas. Por otro lado, la gobernadora de Puerto Rico mencionó que se realizará una conferencia de prensa para brindar los detalles del reinicio escolar y adelantó que quiere que las clases sean presenciales. Este señalamiento de la primera mandataria del país contrasta con lo que públicamente declaró a finales del mes de mayo cuando dijo que se “inclinaba porque las clases continuaran en agosto de manera virtual” (21 de mayo de 2020, Primera Hora).

Todo esto resulta sumamente alarmante e inquieta a educadores, al personal escolar y a los padres. Además, intranquiliza a los miles de niños y jóvenes que deben continuar con su formación académica. Ante este escenario, aflora la gran interrogante que abre las puertas al debate, ¿Las clases para el año escolar 2020-2021 deben ser de forma presencial o de manera virtual? Si por gustos o preferencias fuera, mi respuesta es que prefiero la educación presencial. Ese espacio dentro de la sala de clases permite un contacto directo y un calor humano que son únicos y no pueden ser reemplazados por ninguna aplicación digital, pero es precisamente ese contacto y calor humano el que en tiempos pandémicos debe ser limitado, máxime cuando cientos de estudios y expertos en la materia coinciden, con base científica, en que las escuelas son perfectos focos de infección. A mi juicio no se trata de que imperen nuestras preferencias o gustos, sino la razón y el sentido común. Procurando ante todo cuidar la salud y salvaguardar la vida de todos los seres humanos inmersos, directa o indirectamente, en el proceso educativo.

En el Plan de Contingencia ante el Covid-19 emitido por el Dr. Eligio Hernández, se presenta una modalidad de clases presenciales en días alternos con reducción de grupos y variedad de horarios. También establece que se tomarán todas las medidas de seguridad y salubridad necesarias, pero entre la teoría y la práctica, la experiencia nos dice que existe una brecha abismal. En dicha brecha hay muchas lagunas y múltiples preguntas sin respuestas. Lo cierto es que no somos robots automatizados o máquinas programables para actuar todo el tiempo conforme a lo que dice un protocolo que tiene muchos puntos ciegos. Tener la oportunidad de agitar el cucharón te permite ver, con conocimiento de causa, lo que hay dentro del caldero. Sabemos por experiencia que el protocolo, expuesto en el papel luce muy bonito, pero en la práctica, la realidad, muchas veces es otra muy distante.

Lab Sagrada Familia

El niño o joven, tiene que utilizar su mascarilla (con la incomodad que ello genera) desde que entra al transporte escolar hasta que termina su última clase del día, desde ese momento comienza el riesgo de contagio. Una vez en la escuela el alumno utilizará múltiples áreas comunes: salones, equipos, baños, comedor, biblioteca, patio, etc. El estudiante deberá tener presente en todo momento, lo cual es casi imposible, que no debe interactuar con sus amigos o compañeros de clases a no menos de 6’ de distancia. Además, debe estar consciente de algo fundamental que muchos, incluso los adultos, solemos olvidar, el uso de la mascarilla no nos hace inmunes. Adicional a esto hay otras tantas medidas de salubridad que debemos tener en cuenta, durante todo un día, fuera de nuestros hogares. Más aún dentro de una escuela donde coexisten tantas personas, se comparte una planta física y se permanece durante un largo periodo de tiempo.

¿Cuentan las escuelas con el personal de limpieza y con todos los artículos necesarios para garantizar una higienización adecuada y constante durante todo un día de clases, los cinco días de la semana? La experiencia nos corrobora, una y otra vez, que la inmensa mayoría de las escuelas siempre han carecido de lo esencial. Queremos ser optimistas, pero la realidad que se vive diariamente en las escuelas públicas de nuestro país no se puede ocultar con solo levantar un dedo. Las condiciones objetivas dentro de las escuelas nos hacen dudar y temer sobre el reinicio de las clases presenciales.

La flexibilización total, luego de un toque de queda muy riguroso en sus inicios es aún muy reciente. Las cifras de contagios deben ser minuciosamente evaluadas y tomadas en consideración por el DE ante la inminente reapertura de las escuelas. Estamos muy conscientes de que la vida debe proseguir su curso, a pesar del C-19, pero debemos ser muy sigilosos porque están en juego la salud y la vida. Evitar a toda costa que las escuelas contribuyan a la propagación masiva del virus es una gestión titánica que tiene que ser prioridad. De no ser así, de nada habrá servido el sacrificio colectivo de meses en un enclaustro absoluto.