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Colaboración de la profesora Carmen J. Fernández Espada

Las capacidades, talentos, oportunidades, libertad de elección e igualdad de derechos no pueden medirse por la genitalidad del ser humano.

Igualdad Salarial

Prof. Carmen J EspadaOPINIÓN - El tema de la igualdad de géneros es uno recurrente en la literatura. Diversas escritoras han cultivado el mismo, aunque no ha sido exclusivo de las féminas. Al hablar de este tema con mis estudiantes universitarios, a la luz de la discusión de un cuento asignado en clases, una de las alumnas levantó su voz y dijo que “la desigualdad no existía en nuestra sociedad actual y daba gracias a Dios por haber nacido en estos tiempos”. En ese momento respiré profundamente y pedí al grupo que buscara información sobre equidad salarial. En la clase subsiguiente, ya con la tarea en mano, analizamos los datos que les pedí y les pregunté, a qué ellos creían que se debía la diferencia garrafal de salarios en diversas profesiones, como es el caso, por ejemplo, de los mejores pagados de Hollywood. Y, Ohhh, ¡Silencio sepulcral! No supieron darme una respuesta convincente que justificara dicha discrepancia.

Iniciado marzo, Mes de la Mujer, recordé la anécdota antes mencionada. Semanas antes, el tema ya había tocado mis pensamientos cuando se dio a conocer públicamente la demanda que entabló Celimar Adames Casalduc contra su patrono actual, Televicentro de Puerto Rico. En la demanda, radicada el 14 de febrero del año en curso, la experimentada reportera alega ser víctima de un patrón de discrimen por edad y género desde el año 2002. Además, denuncia la desigualdad salarial en comparación con dos compañeros de labores que ejercen las mismas funciones que ella como reporteros anclas de Televicentro, incluso uno de ellos tiene menos antigüedad. Leer este tipo de noticias, indigna. A diecinueve años de iniciado el siglo XXI, me pregunto, ¿verdaderamente existe en nuestra sociedad actual total igualdad de derechos entre el hombre y la mujer?

El asunto salarial de los talentos histriónicos de Hollywood es similar al caso de Celimar Adames. Si analizamos la más reciente publicación de la Revista Forbes (24 de agosto de 2019), la diferencia en paga (total) entre los 10 mejores actores y las 10 mejores actrices de Hollywood ronda los 230 millones, inclinándose la balanza de los millones hacia el lado del sexo masculino. Han sido varias las actrices que han levantado bandera sobre el discrimen salarial, evidenciando que las mujeres en el cine, realizando las mismas funciones y con papeles similares y en ocasiones hasta de mayor envergadura, reciben un salario mucho menor al de sus contrapartes masculinos. Y esto no se limita sólo a Hollywood, pues asuntos similares están ocurriendo también con famosas series exclusivas de las grandes compañías de servicios streaming. ¿No es éste un claro y sencillo ejemplo de que la respuesta a mi pregunta anterior es que no existe total igualdad de derechos entre hombres y mujeres?

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Numerosos estudios han demostrado que “en promedio, en muchas partes del mundo, incluida América, los hombres siguen cobrando más que las mujeres, aún ostentando el mismo empleo, con la misma preparación académica y ejecutando las mismas funciones”. Dicha diferencia salarial puede ser desde un 10% hasta un 30% más a favor de los hombres, lo que resulta inaudito e inaceptable.

Las capacidades, talentos, oportunidades, libertad de elección e igualdad de derechos no pueden medirse por la genitalidad del ser humano. No se trata de entablar la guerra de los sexos. Se trata de que si una mujer o un hombre, identifican la injusticia y la desigualdad, en el entorno que sea, deben levantar su voz. Celimar Adames es un digno ejemplo que debemos no sólo emular, sino también apoyar. Ya la primera ejecutiva del país le dio el espaldarazo e incluso la invitó a participar de las vistas públicas en las que se discutiría el tema de la equidad salarial.

En el campo de las leyes se dice que el derecho es rogado. En mi parecer, todo derecho del ser humano, sin importar el género, debe estar garantizado. Es imperante, en este caso, que toda mujer levante su voz contra la injusticia y haga valer sus derechos. No podemos permanecer enajenadas o impávidas como meras espectadoras mientras se nos violentan los mismos.

Procuremos que el 8 de marzo de cada año no sea una mera celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Recordemos que la celebración de este día se hace en honor a la lucha que costó la vida de 129 mujeres que alzaron su voz para exigir mejores condiciones laborales y salariales. Y sobre todo, que dicha fecha nos sirva para evaluar en qué punto de la lucha estamos y hacia dónde deseamos dirigir la misma. Si deseamos vivir en una sociedad más equitativa, tenemos que construirla día a día. Ésta es una responsabilidad de todos, mujeres y hombres.