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Colaboración del Dr. Víctor Maldonado Santiago

Los medios tecnológicos y las redes de comunicación han permitido que se pueda palpar con suma claridad esta mezcla de decires.

Sucesos Inicio 2020

Dr Victor MaldonadoOPINIÓN - Ya hay quienes de manera metafórica y medio jocosa piden a gritos que el “mes de enero de 2020” se acabe. En efecto, si el año 2019 fue el equivalente a una convulsión político-social sin precedentes en Puerto Rico, el 2020 ha iniciado con la condensación de situaciones tan desconcertantes que muchos se preguntan si es este el final de angustias predecesoras o el umbral de otras peores. Ciertamente, el panorama mundial no se aleja de esta realidad. Sin embargo, aunque a usted le parezca surrealista, nuestra isla perfectamente puede servir como un referente que sintetice gran parte de lo que se vive mundialmente.

En tan solo 25 días, se han celebrado el Año Nuevo, el Día de los Tres Santos Reyes Magos y la Octavitas, en medio de masacres, temblores, fiestas multitudinarias como la Sanse, repartición de suministros a los damnificados del sur-suroeste y protestas contra el gobierno de turno, sin entrar en asuntos como el escándalo en el que se ha implicado a los exjugadores y exdirigentes de béisbol, Alex Cora y Carlos Bertrán. Como generalmente ocurre, cada evento ha sido suficiente para levantar los debates más apasionados y antagónicos entre los puertorriqueños, a tal grado que parecería que quienes se enfrentan pertenecen a mundos alejados a cientos de años luz.

En los hogares, calles, redes sociales y otros espacios, las opiniones encontradas son la orden del día. Así, por ejemplo, hay quienes dicen que los asesinatos o matanzas de inicios de año se deben a la falta de vigilancia policíaca. Otros alegan que la mayor parte de estos crímenes ocurren por asecho y poco se puede hacer al respecto.

El desbordamiento de la solidaridad ciudadana una vez más hizo renacer la esperanza de un Puerto Rico mejor.

Sobre los temblores, han opinado los gobernantes, comentaristas, reporteros, sismólogos, meteorólogos, geomorfólogos, politólogos, “chismólogos” y “facebookólogos”, en fin, “todo el mundo”. Unos indican que todo es parte de fenómenos propios de la naturaleza; mientras que hay quienes destacan que son castigos de Dios por la maldad de la humanidad, en este caso, de los puertorriqueños.

A partir del 28 de diciembre de 2019, pero con mayor vehemencia luego del 5 de enero de 2020, la vida de los sureños, especialmente los guaniqueños, guayanillenses, peñolanos, ponceños y yaucanos, cambió drásticamente. Un día se fueron a dormir con los bienes acumulados durante una vida entera; al siguiente, vieron cómo sus sueños se iban al suelo en cuestión de segundos. Entonces, la crisis aumentó y el gobierno comenzó su participación más explícita. A juicio de los líderes políticos, la respuesta inició de manera apropiada. No obstante, desde la perspectiva de otros sectores, la presencia gubernamental ha lucido pobre y poco organizada, más bien matizada por elementos propios del oportunismo politiquero. Así las cosas, gran cantidad de ciudadanos optaron por ignorar el ofrecimiento del Gobierno como centro de acopio y se lanzaron a ayudar a sus hermanos, sin mediar protocolo alguno. El desbordamiento de la solidaridad ciudadana una vez más hizo renacer la esperanza de un Puerto Rico mejor.

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Empero, los niveles de tensión comenzaron a aumentar en la medida que se acercaba la fecha de las Fiestas de la Calle San Sebastián en San Juan. Otra vez las opiniones se polarizaron, pues muchos alegaron insensibilidad frente a la situación de los hermanos del sur-suroeste. Los argumentos de los bandos lucían bien fundamentados. Si bien es cierto que algunos expresaron que no era correcto festejar cuando otros sufrían sin hogar, alimentos y suministros; otros señalaron que la vida debía continuar, que la economía no podía detenerse, que había compromisos locales e internacionales, que el espectáculo no podía detenerse. Un punto álgido de la discusión ocurrió cuando la gobernadora de Puerto Rico, Wanda Vázquez Garced, le sugirió a la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, que dada la situación de emergencia de país, considerara posponer la celebración de estas fiestas. El pulseo se instauró y, contra los aires de boicot, la celebración de cuatro (4) día se efectuó con éxito, sin incidentes que lamentar.

Al tiempo que se festejaba en la capital, el señor Lorenzo Delgado, el León Fiscalizador, dio a conocer que el Gobierno de Puerto Rico tenía en la Guancha en Ponce un almacén en el que aparentemente se habían escondido suministros desde el huracán María. La reacción de indignación del pueblo no se hizo esperar. La gobernadora y la alcaldesa de Ponce, María Meléndez Altieri, alegaron desconocer sobre la existencia o el contenido de estos almacenes. Tan fuerte fue la presión pública que la principal ejecutiva del país, entre otras medidas, despidió a tres (3) jefes de agencia de su gabinete constitucional: Carlos Acevedo, del Negociado de Manejo de Emergencias; Glorimar Andújar, secretaria de la Familia; y Fernando Gil Ensenat, de Vivienda. Diversos grupos entienden que, como una estrategia hábilmente manejada, Vázquez nombró al señor Nino Correa como jefe de operaciones de NMEAD, pues este caballero goza de la confianza y respeto de la mayoría del pueblo puertorriqueño. Con esto, a su parecer, ésta buscaba atenuar un poco el disgusto ciudadano que aparentaba salirse de control.

... hay quienes minimizan estos actos y establecen que la verdadera violencia es la que genera el Gobierno y sus líderes contra el pueblo en necesidad.

El calor del asunto siguió en aumento y las discusiones cibernéticas, radiales y televisivas no se hicieron esperar. Figuras de importancia marcada en las instancias artísticas, deportivas y políticas iniciaron sus intercambios de pareceres y hasta insultos. Verbigracia, uno de los careos más notorios fue el que se suscitó entre el presidente del Senado, Thomas Rivera Shatz, y el pelotero puertorriqueño de las Grandes Ligas de Béisbol, Yadier Molina. Igualmente, candidatos políticos contrarios al partido en el poder, sugirieron, por ejemplo, la destitución de la gobernadora y su gabinete constitucional, así como el adelanto de las elecciones generales en los próximos 90 días. Cantantes como René Pérez (Residente) y Ricky Martín convocaron al pueblo para que se manifestaran contra el gobierno de Wanda Vázquez y le pidieron la renuncia. Por contraste, en esta ocasión, Rey Charlie se abstuvo de invitar a sus huestes a participar en esta marcha, pues entiende que las cuentas se ajustarán en noviembre de 2020. Esta expresión le ha valido que muchos quienes le exaltaron durante el verano de 2019, ahora le llamen traidor y vende patria.

Precisamente, el jueves, 23 de enero se efectuó una manifestación en las que participaron centenares de puertorriqueños. A todas luces no alcanzó el nivel extraordinario de las marchas del verano de 2019, pero no pasó desapercibida por el Gobierno ni por los ciudadanos de todas las ideologías políticas, religiosas y de otra índole. La protesta inició en el Capitolio, aún un con la lluvia como factor posiblemente en contra de los participantes. El inicio lució bastante ordenado, hasta llegar a la Calle Fortaleza, denominada hoy día por otros como la Calle de la Resistencia. Allí, después de las 10 p. m., los ánimos entre la Policía y los participantes se caldearon, al punto de que los oficiales dispersaron a los asistentes que allí de mantenían con el uso de gas lacrimógeno.

Un grupo de encapuchados aprovechó el confuso momento para escribir grafitis, romper adoquines y cristales, en fin, destruir la propiedad ajena. Ni siquiera la prensa del país se salvó de tal escaramuza, como el caso del daño causado a una de las guaguas de WAPA TV y el aparente intento de agresión con el lanzamiento de objetos al reportero Kefrén Velázquez. Sí, aún este asunto ha sido objeto de discusión en diversos foros. Por un lado, muchos han rechazado frontalmente estos y otros actos de violencia. Expresan que no es compatible que aquellos que protestan con intención de salvar el patrimonio del denominado “gobierno corrupto”, lo destruyan y dañen la propiedad de ciudadanos privados que día a día se esfuerza por ganarse el pan diario. Por el otro, hay quienes minimizan estos actos y establecen que la verdadera violencia es la que genera el Gobierno y sus líderes contra el pueblo en necesidad. Consignan que las paredes se pueden pintar y los cristales reparar, pero las vidas perdidas por la negligencia gubernamental no tienen manera de recuperarse.

Más o menos parafraseado, recientemente el alcalde de Villalba indicó que de ocurrir un terremoto, los maestros serían los primeros que correrían y dejarían a los niños solos. La gobernadora expresó que en el sur están contentos y Mayita señaló que la gente está feliz de vivir en carpas. Para algunos, esta palabras son ejemplos sobre cómo al hablar mucho se puede errar en el decir. Piensan que en el corazón de los tres no había intención de ofender. Son expresiones poco afortunadas cuya finalidad no era causar daño. Por contraste, para otros ciudadanos, son palabras que denotan "enajenación, falta de empatía o respeto, insensibilidad, maltrato y más".

En fin, la historia reciente de Puerto Rico se ha revestido de eventos de alta relevancia que han cambiado su curso. La participación de tantos actores, ya héroes o cobardes, ya vencedores o vencidos, ya víctimas o victimarios, supone el entrecruce de múltiples voces. Es la polifonía o heteroglosia discursiva propia del andar histórico. Hoy, más que nunca, los medios tecnológicos y las redes de comunicación han permitido que se pueda palpar con suma claridad esta mezcla de decires, tal vez todos legítimos, depende del cristal y la óptica con que se miren.