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María Milagros obtuvo su grado de Maestría en Consejería en Rehabilitación, con el mérito Summa Cum Laude.

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Foto: María Milagros, como oradora en los actos de graduación 2019 de la escuela superior LBT de Villalba

VILLALBA, Puerto Rico - Allá para la década del '90, y como muchos otros niños de su edad, ella comenzó su vida estudiantil en la escuela Áurea Ginestre, en el barrio Palmarejo, en Villalba. Al entrar al Kindergarten, lo hacía con las emociones y los temores propios del momento. Pero María Milagros tenía algo más que la hacía especial. Padecía de una condición conocida como el Síndrome Bardet-Biedl.

Sin embargo, hace apenas unos días y a la edad de 30 años, María Milagros Díaz Torres, del barrio Palmarejo de Villalba, y ciega legal desde que comenzó estudios universitarios en el 2008, superó todas las barreras que el destino le presentó y obtuvo su Maestría en Consejería en Rehabilitación, con el mérito de Summa Cum Laude, la más alta distinción que otorga la universidad.

De acuerdo con el National Institutes of Health (NIH) del Departamento de Salud Federal, el síndrome de Bardet-Biedl es una enfermedad genética que afecta múltiples sistemas del cuerpo. Los síntomas son bastante variados e incluye, entre otros, problemas en la visión, dedos extras en las manos y los pies, obesidad, hipoplasia genital, problemas en los riñones y problemas de aprendizaje. No existe cura todavía. El tratamiento depende de los problemas que se presenten.

Además de su dificultad para caminar, María Milagros es ciega legal desde que comenzó sus estudios universitarios, como consecuencia del síndrome que padece desde pequeña. Pero su travesía comenzó a temprana edad, cuando a los diez años, fue intervenida quirúrgicamente en ambas piernas, en los Estados Unidos, lo que requirió seis meses fuera de su casa. "Si no se me operaba, iba a quedar en un sillón de ruedas. Aquí (en Puerto Rico) ya me habían operado, pero no dio resultado", cuenta la joven recién graduada.

Maria Summa Cum Laude

Con mucho "trabajo y sacrificio", María Milagros alcanzó aquello que se había propuesto, y el pasado viernes 31 de junio se le confirió el honor en la Asamblea de Honores Virtual 2020 de la Universidad Católica-Recinto de Ponce. "Siempre uno se encuentra personas dispuestas a ayudarnos. No fue fácil; en tres ocasiones yo pensé que me quería quitar...", recuerda sobre su esfuerzo para alcanzar su grado de Maestría en la universidad.

María Milagros logró además un Bachillerato en Ciencias Políticas, con un Minor en Francés. "El francés lo aprendí de forma auditiva", señala María, quien ha agudizado su audición como manera de compensar la falta de visión.

Durante sus años universitarios, María explica que usaba una grabadora en las clases, y los profesores fueron conscientes de los acomodos que se le asignaban a la joven estudiante, entre éstos un anotador y un lector en los salones de clases, asistentes que tomaban notas para ella.

"Yo usaba una computadora, como la que usa cualquier persona, porque yo me sabía el teclado de memoria", relata la joven ciega. El conocimiento sobre el teclado lo adquirió durante sus años en la escuela intermedia. Además, siempre usó un celular común y corriente, hasta que recientemente adquirió un iPhone, que cuenta con 'voice over" y Siri.

Su tesis, "La experiencia de los trabajadores con diversidad funcional sobre el impacto de las barreras arquitectónicas", es la única que existe en Puerto Rico sobre el tema. Indica que cuando fue a buscar base de datos para la tesis, se le hizo bien difícil por la escasa información que había disponible al momento.

Antes de alcanzar su grado de Maestría, Villalba reconocía sus logros, y el pasado año 2019 María Milagros fue invitada como oradora especial a los actos de graduación de la Clase Graduanda Aslan Ophira de la escuela superior Lysander Borrero Terry. En aquella ocasión, el mensaje de María Milagros fue: "Una discapacidad no te define como persona. Lo que te define como persona es lo que eres capaz de hacer. La vida está llena de experiencias positivas y negativas. Atrévanse a hacer la diferencia. Hoy estoy aquí, delante de todos ustedes, demostrándoles que no hay impedimento que te limite."

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Entre sus planes futuros está tomar la reválida y conseguir un empleo.

María Milagros nunca ha estado sola

María Milagros siempre contó con el apoyo de su familia, en especial de su madre Milagritos. En sus primeros años en la escuela Áurea Ginestre, Milagritos luchó contra la burocracia del Departamento de Educación para lograr que se eliminaran las barreras arquitectónicas en la escuela. Y lo consiguió.

Durante seis meses, acompañó a su pequeña en su estadía en un hospital de Philadelphia cuando fue intervenida quirúrgicamente.

La acompañó durante el tiempo que estudió en una escuela especial para ciegos en San Juan.

Y hoy sigue siendo su eterna y orgullosa compañera, amiga y madre.