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A las 4:24 de la madrugada del 7 de enero de 2020, la tragedia volvió a tocar a las puertas de la familia Rodríguez Serrrano, cuando el sur de Puerto Rico se estremeció con un terremoto de magnitud 6.4.

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Foto: Sentados al frente, el matrimonio de Yolanda Serrano y Jorge L. Rosado. Detrás, de pie: Migdalia Ortiz, Nilda Colón y Sandra Ortiz, quienes llevaron suministros a la familia Rosado Serrano.

VILLALBA, Puerto Rico - En el 1998, el huracán Georges destruyó su casita de madera en el barrio Palmarejo de Villalba. La reconstruyeron para, 19 años más tarde, volver a perderla con el huracán María. Hace siete meses se mudaron a una nueva residencia en Peñuelas que fue destrozada por el terremoto del 7 de enero de 2020. Perder la casa, una de las posesiones más preciadas, es una tragedia. Pero, perderla en tres ocasiones distintas, no tiene nombre. Esto le ocurrió al matrimonio de Yolanda Serrano Burgos y Jorge L. Rodríguez Román, una pareja de Villalba.

"Para (el huracán) George, perdimos en Villalba. Para (el huracán) María también perdimos en Villalba. Vinimos y compramos aquí (en Peñuelas) y volvimos a perder", resume Yolanda los eventos que en tres ocasiones la dejara a ella y a su familia en la calle.

Para el año 1998, Yolanda y Jorge vivían, con sus tres hijos, en una casita de madera en el barrio Palmarejo de Villalba, a la orilla de la carretera 149, pocos metros antes de llegar a la planta de hielo Negrón Ice Plant, localizada en el kilómetro 53.5 de esta vía estatal. Fue en ese año (21 de septiembre de 1998) que el huracán Georges cruzó a Puerto Rico de este a oeste con vientos de 110 millas por hora. "Perdimos la casa, completa. Nosotros perdimos todo lo de adentro."

Poco a poco, reconstruyeron la casa y adquirieron muebles para rehacer su vida familiar con normalidad, la que lograron mantener durante 19 años más. Pero, el 20 de septiembre de 2019, el devastador huracán María llegó a Puerto Rico y arrasó la isla con vientos de más de 175 millas por hora. "Nosotros pasamos (el huracán) María ahí, en un cuartito en los bajos, que era de cemento. Nos metimos los cuatro ahí. Eso parecía el Chorro de Doña Juana, por todos los lados, por toda la casa." De esta manera, Yolanda describió cómo las corrientes de agua con fango y hasta ramas de árboles, producto de las fuertes lluvias y los vientos huracanados, penetraron al interior de su casa.

Terremoto Familia Penuelas 08

Nuevamente, después del desastre causado por el fenómeno atmosférico, la familia comenzó a recuperar las pocas pertenencias que pudieron. "Volvimos a arreglar la casa otra vez, y pusimos toldo porque se estaba mojando por dentro." Indicó que lograron poner zinc en el techo, lo que les permitió preservar sus propiedades.

Allí continuaron su vida de familia hasta que, en mayo de 2019, se mudaron a una casa en cemento que compraron en el barrio Tallaboa Alta, en la carretera 132, en Peñuelas. "Hicimos un préstamo de SBA (Small Business Administration), pues nos aprobaron y vinimos y compramos acá." Señala que el monto del préstamo no era suficiente para comprar una casa en Villalba, por lo que optaron por comprar en Peñuelas.

En Peñuelas rehicieron su vida familiar con sus hijos Anamarie y Jorge Luis, pues la hija mayor, Marianne, ya vivía en Estados Unidos. La vida continuó normal en su nueva residencia de cemento ubicada en un pequeño monte a la orilla de la carretera 132, y con algunas residencias cercanas. De estructura grande, la casa tenía cuartos de dormitorio, sala, cocina, comedor y dos baños. A las 4:24 de la madrugada del 7 de enero de 2020, la tragedia volvió a tocar a las puertas de la familia Rosado Serrano, cuando el sur de Puerto Rico se estremeció con un terremoto de magnitud 6.4.

Cuenta Yolanda que todos despertaron gritando. "El nene y la nena caminaron por encima de los vidrios porque tazas, vasos, copas...todo cayó al piso." Tal y como lo habían planificado, salieron todos por la misma puerta hasta el patio exterior, no sin antes enfrentar problemas para poder salir del dormitorio, pues la puerta no abría. "No puedo abrir, no puedo abrir", gritó Yolanda. Entonces, Jorge logró agarrar una esquina de la puerta y halar con fuerza hasta que cedió. "Yo había preparado el bulto (de emergencia) y todo, pero ¿tú te crees que yo me acordé del bulto?"

Lab Sagrada Familia

Esperaron en el patio hasta que amaneció, pues no había luz eléctrica, y con la luz del día lograron ver la magnitud de los daños en la casa. "Ella (la casa) jendió completa, vuelta completa, por dentro y por fuera", describe Yolanda lo que vio. "Los toilets explotaron, los cristales se cayeron, las puertas de cristal se fueron pa'l piso, las perchas se fueron pa'l piso, toda la ropa en el piso mojadas completas..."

La estructura presenta enormes grietas en muchas paredes, por dentro y por fuera. Otras grietas grandes en las columnas y las esquinas, en los clósets, en todos los cuartos. Los inodoros literalmente explotaron. Pedazos de cristal por doquiera. Jorge, el jefe de la familia, explicó que la casa no cayó porque entiende que el terremoto fue oscilante, pero a pesar de eso, las columnas sufrieron, y toda la estructura sufrió de tal manera que piensa que no se puede reconstruir.

 

Ahora, la familia de cuatro (y tres mascotas) vive en una caseta de campaña en el patio de atrás de su residencia, y cubierta ésta con un enorme toldo azul, mientras esperan conseguir los recursos necesarios para reconstruir la casa, porque no quieren mudarse de allí. Al lado, otra caseta plástica con su ropa de vestir.

"Yo sigo hacia adelante. Nos duele, porque la verdad, nos duele. Porque queremos progresar y volver otra vez a caer, volver a empezar desde abajo otra vez...Pero esos son golpes que papá Dios nos da en la vida para ver qué fe tiene uno. Yo tengo mucha fe. No me importa porque eso es material", afirmó Yolanda con la fe puesta en Dios.