Policía
Category: Vida Social

Por Juan Negrón Ocasio

Fue el viernes cuando llegaron los chavoh del presidente. El sábado por la noche estábamos pelaos.

Chavoh del Presidente

Juan Bertin Negron Ocasio¡Por fin, coño! Fue lo primero que oí cuando aún traía la noche en la espalda. Las últimas dos semanas la calle estuvo desierta y sólo se escuchaban chicharras, y coquíes que se pasaban desvelándonos. Durante el día se veían algunas personas deambulando como espantapájaros, pero de lo demás nada más.

¡Por fin, coño! Oí otra vez la gritería del jolgorio. Esta vez mucha más gente se unió formando el estribillo de gozo y chistes en la acera.

Todavía no había probado el café prieto que me esperaba en la cafetera de la primera colá’. Pasaron tantas incidencias en esos días que quién rayos hacía caso a todo lo que sucedía. Lo espectacular fue que ignoré como hábito de rosario aquello de ¡Por fin, coño!

No fue desprecio prestarle atención merecida a la bulla, si no que aquel dolorcito que me empezó más arriba de donde cada persona desahoga sus pesares, se me iba silencioso y regresaba de repente cuando le ponía presión al cuerpo. Oír ¡Por fin, coño! no era para exaltarme y tirarme por la ventana para averiguar. Luego lamentar el disparate.

Para ese tiempo de incertidumbre todos llevábamos dos semanas contadas esperando que la administración retirara la dichosa cuaresma de estar encerrados como güimos. No hay más desdicha que comer comida enlatada.

Un día desapareció todo de las góndolas. Sucedió cuando, a dos meses de contaminación, el presidente dice que la cosa del coronavirus era en serio. Como siempre decía charlatanerías cuando habló en serio por todas las cadenas del mundo la multitud fluyó como hormiguero revuelto. No había puerta vacía para entrar a los supermercados.

La trifulca de sal pa’ fuera no se hizo esperar y había nada donde antes sobraba todo.

Mirandas Bakery

– Ahora si Chabela, nos jodimos.
– ¿Qué te pasa ahora?

Convencer a una mujer decidida es difícil. Pero más difícil decirle que...

– ¡Jelou, jelou, oye se fue la señal no te oigo, o te quedaste mudo!

Tenía el celular agarrado por el pescuezo guindándome de la mano pensando cómo le explico que no hay papel...Jelou, jelou, oye se fue la señal no te...Escuché la voz por décima vez.

Se me ocurrió no decirle nada porque cada vez que aparece una situación incómoda me llega ese dolorcito donde la espalda pierde el nombre. Así que decidí dejar todo en paz. No te preocupes quería preguntarte algo que olvidé, dije por decirle algo. Pues como tienes mala memoria que no se te olvide el papel que no hay para limpiarnos el... Dijo gritándome y enganchó.

Miré al cielo clamando misericordia. Perdónala Padre que no sabe lo que dijo. Me dije.

Tres horas y veinte minutos llevaba sudando adentro del supermercado en una cola sin principio ni fin. Estaba viva la inmovilidad. Comencé a sentir la inercia en el coxis y medio temeroso hice el intento de estirarme en el corto espacio que había. Sin atender las innumerables conversaciones, oí un señor sonriendo que le dijo al que estaba detrás de él ¡Por fin, coño! Escuché el choque de manos. Ya era hora, coño. Le respondió al que le dijo, ¡Por fin, coño!

Pasaron los días y nadie salía de las casas. Los saludos se daban de una milla. Entonces llegó la tan esperada conferencia nacional. “¡Quédense en sus casas!” Aquel toque de queda llegó un día que debíamos acordarnos de los rosarios. Cuando se hacen las cosas por hábitos se olvida lo que deberíamos hacer.

Fue el viernes cuando llegaron los chavoh del presidente. Hubo tanto jolgorio que nadie se acordó de María ni de terremotos ni del coronavirus ni de la gobernadora ni del presidente ni de la madre de los tomates. Se anuló el encerramiento para que todos fueran a levantar la economía. El sábado por la noche estábamos pelaos.

¡Por fin, coño! Gritaban desde las casas ondeando dos diferentes banderas cuando pasaba la caravana. Y millones de manitas flotaban llenas de alegría y una banda municipal tocaba el Star Spangled Banner. Un grupo gritaba un estribillo sin cesar: ¡Qué viva el presidente! Aquel desfile fue algo fenomenal. Toneladas de cintas multicolores inundaron las calles. Jamás en la historia universal se vio tanta gente celebrar la bienvenida de un cheque.

El domingo por la mañana nadie recordaba que no había papel para limpiarse el...