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Por: Profesora Carmen J. Fernández Espada

• No debemos continuar enfocándonos en los obstáculos, que indudablemente podrían ser muchos.
• Tenemos que centrarnos en las nuevas oportunidades y una vez más, permitir que aflore la gallardía que nos distingue.

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Prof. Carmen J EspadaTras varias semanas de espera, finalmente el secretario del Departamento de Educación presentó un elaborado plan para el próximo año escolar. Dentro de la complejidad del sistema educativo puertorriqueño, el plan expuesto por el Dr. Eligio Hernández trató de cubrir, al menos en teoría, todos los flancos. El plan presentado por la agencia es bastante abarcador. Acertado en muchos aspectos, pero en otros, enrevesado y confuso. Tanto el secretario del Departamento de Educación, como el secretario del Departamento de Salud evitaron ser categóricos en varios de los aspectos discutidos en la conferencia de prensa en la que se trató el tema del regreso a clases. Esto nos parece, hasta cierto punto comprensible, considerando que nos enfrentamos a una realidad educativa novel, enmarcada en una crisis de salud mundial que debe ser diariamente evaluada.

Resulta abrumador visualizar, en su totalidad, la implantación del plan de reinicio escolar, además genera tantas interrogantes como posibilidades. De acuerdo con las expresiones del secretario del DEPR, el plan no es una camisa de fuerza y da la potestad a cada escuela para crear un plan operacional ajustado a las particularidades de cada plantel. Ahora bien, en la elaboración de ese plan operacional es fundamental la participación colaborativa de los miembros de cada comunidad escolar con el fin de asegurar que el mismo se geste con sabiduría y eventualmente se implante con eficiencia. Además, se deben tomar en consideración las necesidades particulares que pueda enfrentar nuestra población estudiantil de cara a un nuevo semestre escolar que en sus inicios será virtual. Todo ello deberá atemperarse a la realidad de los hogares puertorriqueños, sobre todo a los de nuestras poblaciones más vulnerables. Por eso, entre otras tantas cosas, es fundamental identificar cuántos estudiantes necesitan computadoras y servicio de internet de banda ancha. Sólo así se podrán presentar alternativas educativas viables.

Tal vez sea el momento definitivo para que, gracias a una pandemia, transformemos radicalmente nuestro sistema educativo y la manera tradicional de enseñar.

Indiscutiblemente, la seguridad de nuestros estudiantes y del personal escolar es prioridad. Teniendo esto presente, ¿cuál es la responsabilidad del gobierno? La respuesta, garantizarle a todos nuestros alumnos el derecho inalienable a recibir una educación que propenda a su pleno desarrollo. Para garantizar este derecho, todas las preguntas y/o señalamientos, de cara a un atípico nuevo año escolar, deben ser contestadas y atendidas con eficiencia.

En lo que respecta a los educadores puertorriqueños, siempre hemos demostrado compromiso y dedicación ante la adversidad, no por pedido de alguien, sino porque nuestra vocación y el deseo intrínseco de ofrecer una educación de excelencia siempre nos ha distinguido. Indudablemente, el sistema educativo puertorriqueño cuenta con personal altamente cualificado. Es indispensable que se permita a este personal, sobre todo al que diariamente está inmerso en las escuelas y al que labora directamente en el proceso educativo, actuar conforme a la realidad particular de cada escuela guiado por la sabiduría que la experiencia le ha otorgado.

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Albert Einstein, uno de los más grandes genios de todos los tiempos, dijo: “entre las dificultades es que se esconden las oportunidades”. Una vez más, el momento histórico por el que atravesamos nos impone un gran reto, la educación virtual. Este nuevo año escolar traerá dificultades, acompañadas por grandes temores y también múltiples interrogantes. Sin lugar a dudas, una vez más saldremos airosos si asumimos el reto con sabiduría, positivismo y con el deseo genuino de trabajar todos juntos y unidos para garantizarle a nuestros niños y jóvenes una educación, que independientemente de la modalidad, sea de excelencia. No debemos continuar enfocándonos en los obstáculos, que indudablemente podrían ser muchos. Tenemos que centrarnos en las nuevas oportunidades y una vez más, permitir que aflore la gallardía que nos distingue.

Vivimos un momento sin precedentes. La salud y la vida son prioridad. Los tiempos cambian. La tecnología avanza. Las nuevas generaciones aprenden de formas distintas. Tal vez sea el momento definitivo para que, gracias a una pandemia, transformemos radicalmente nuestro sistema educativo y la manera tradicional de enseñar. De cara a la culminación de las primeras décadas del siglo XXI, el COVID-19 nos está dando la oportunidad de actualizar la educación puertorriqueña, romper esquemas y dejar atrás viejos paradigmas.

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Carmen J. Fernández Espada La autora es maestra de Español del nivel secundario en la escuela José Felipe Zayas, de Coamo. Posee una maestría en Educación y ha ofrecido cursos en la Universidad Católica de Ponce, la Universidad Interamericana y EDP University de Villalba.