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Por: Profesora Carmen J. Fernández Espada

Resulta irresponsable de nuestra parte acudir y permanecer en actividades multitudinarias de socialización en las que no existe distanciamiento social alguno...

People Mask Coronavirus

Prof. Carmen J EspadaLas cifras de contagios, hospitalizaciones y muertes a causa del COVID-19 continúan un preocupante ritmo ascendente. Mientras tanto, miles de boricuas persisten en seguir disfrutando de forma desmedida e inconsciente diversas actividades que ponen en riesgo, no sólo su salud y vida, sino la de todo un pueblo. Ante los señalamientos de alerta de varios epidemiólogos, del Task Force Médico y del propio secretario del Departamento de Salud son muchos los que caen en la desagradable práctica de señalar con el dedo acusador en busca de culpables.

Un refrán popular reza con sabiduría que la culpa es huérfana, pero no es cuestión de identificar culpables sino de asumir responsabilidades. La responsabilidad es de cada ciudadano, sea o no miembro del gabinete de la gobernadora del país. Es de conocimiento general lo que es el COVID-19, cómo se propaga, cuáles son las consecuencias en el cuerpo humano si nos contagiamos, y también qué pasaría con nuestro sistema de salud si los casos siguen en aumento. Además, existe información disponible para todos, sobre cómo podemos tratar de prevenir el contagio de este letal virus.

Por lo tanto, resulta irresponsable de nuestra parte acudir y permanecer en actividades multitudinarias de socialización en las que no existe distanciamiento social alguno y en las cuales, luego de ingerir el primer trago, la mascarilla, en el mejor de los casos, pasa a ser un mero adorno en el cuello. Igualmente irresponsable es participar de campañas políticas en las que en medio del furor y fanatismo tampoco se siguen las debidas medidas preventivas. Ni hablar de las concurridas fiestas familiares, con o sin parientes provenientes del exterior que no siguieron una debida cuarentena. Por otro lado, igualmente irresponsable es el que acude a cualquier lugar público: farmacia, supermercado, oficina médica, entre otros, con la mascarilla colocada debajo de la nariz o colgando en el mentón.

Es cierto que pasados unos minutos, el uso de la mascarilla se convierte en una tortura, pero es una medida preventiva que debemos responsablemente acatar. Esto es un acto de conciencia individual, por el bien propio y también social y más allá de ello, hay envuelto un asunto de respeto hacia los demás. Cada quien es responsable de sus actos. Se respeta el derecho que tiene cada individuo para actuar conforme a sus principios, a su escala de valores y también a sus creencias, pero nuestros derechos terminan donde comienzan los del prójimo. Es frustrante que muchos sigamos las debidas medidas preventivas, mientras otros hacen caso omiso.

Lab Sagrada Familia

Me consta que en la mayoría de los comercios y establecimientos públicos se siguen los protocolos adecuados. Además, suelen tener empleados, en las puertas de entrada, repitiendo una y otra vez cuáles son dichos protocolos, pero es imposible que cada establecimiento tenga un guardia que nos siga, y supervise que dichas medidas sean acatadas. Resulta inaudito que no hayamos aprendido algo de nuestros meses en enclaustro absoluto. Además, es inconcebible que seamos incapaces de aprender viéndonos reflejados en el trágico espejo de lo que ha ocurrido y está ocurriendo en otros países del mundo.

Unos le exigen a la gobernadora dar marcha atrás a las fases de reapertura económica y social, otros claman porque no lo haga porque sería, entre otras cosas, algo devastador para nuestra ya, bastante lacerada economía. No desearía estar en el lugar de la mandataria. Lejos de ideologías políticas, entiendo que su posición es una sumamente difícil. La vida está por encima de cualquier cosa, pero lo cierto es que el C-19 llegó para quedarse y nuestras vidas, nos guste o no, han cambiado. No podemos pretender que el país continúe permanentemente paralizado hasta que encuentren una vacuna contra el virus que esté accesible para todos. Entiendo que ciertas actividades multitudinarias deben ser prohibidas, al igual que es perentorio el cierre de lugares públicos de recreación masiva. Lamentablemente tiene que ser así porque son muchos los que aún, no parecen entender la gravedad del asunto, e incurren en prácticas irresponsables que nos ponen en jaque a todos.

Remontémonos a los meses de encierro total, sus limitaciones e implicaciones. No podemos tener la memoria tan corta, ni tan estrecha la conciencia. Tenemos que entender que la responsabilidad en este asunto es de todos y se nos puede ir en ello la vida. Todos estamos dentro del mismo barco y nos toca a todos navegar juntos, con unidad de propósito para evitar que el navío, cual Titanic, se hunda en aguas profundas de las cuales nos resulte imposible emerger.

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Carmen J. Fernández Espada. La autora es maestra de Español del nivel secundario en la escuela José Felipe Zayas, de Coamo. Posee una maestría en Educación y ha ofrecido cursos en la Universidad Católica de Ponce, la Universidad Interamericana y EDP University de Villalba.