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Por: Profesora Carmen J. Fernández Espada

Las decisiones tomadas por el Secretario del DE son también una falta de respeto hacia la inmensa mayoría de los alumnos responsables.

Secretario DE Mensaje

Foto: Dr. Eligio Hernández Pérez, secretario de Educación

Prof. Carmen J EspadaOPINIÓN - De la pandemia creada por el COVID-19 pasamos al pandemonio existente en el Departamento de Educación de Puerto Rico. Desde la tarde del jueves 23 de abril no se habla de otra cosa que no sea el más reciente comunicado enviado por el Secretario del DE sobre el cierre del año escolar 2019-2020. No conforme con el comunicado, al día siguiente, el Dr. Eligio Hernández Pérez envió a través de las redes sociales un contundente mensaje que resumía, el contenido del controversial comunicado. Y como suele suceder, la palabra oral fue más veloz que la escrita. El que no había leído el comunicado la noche anterior, al día siguiente escuchó y vio el mensaje del secretario. El mismo desató el pandemonio. Los comentarios, reacciones y críticas no se hicieron esperar; al igual que las diversas emociones y sentimientos encontrados. Ante esta crisis mundial que atravesamos, la agencia ha demostrado, una vez más estar dando palos a ciegas y aparenta no tener un plan de contingencia. Lo que resulta sumamente contradictorio porque a los educadores, una de las cosas que más se nos exigen son los endiosados planes.

Estamos ante la tercera emergencia que ha afectado grandemente al sistema educativo en los últimos tres años, perjudicándose gravemente el tiempo lectivo. Desde el primer día del distanciamiento social el Secretario estuvo enviando comunicados con instrucciones a directores y maestros sobre lo que se debía hacer, desde la distancia, para dar continuidad al proceso educativo. Esa educación desde la distancia, impuesta de golpe, pudo realizarse gracias a la maratónica y atropellada gestión que realizó el educador puertorriqueño, con el respaldo del personal de apoyo de las escuelas, el compromiso de la inmensa mayoría de los padres y el sacrifico de miles de estudiantes.

A mi juicio, la educación y la justicia son pilares de toda sociedad. No es justo “premiar” al que no cumplió y medir con la misma vara a todos por igual.

Es posible que el mensaje del Dr. Hernández tenga algunos aciertos, pero en términos generales ha sido el ejemplo de una de las faltas de respeto más grandes proferidas hacia los maestros, padres y estudiantes. Miles de maestros hicieron “de tripas corazones” para seguir impartiendo el pan de la enseñanza, desde sus hogares, con sus propios recursos, por iniciativa, sin instrucciones específicas de la agencia y mucho menos claras. Aunque sí bajo mucha presión. Esos maestros hicieron malabares para impartir clases por cuanta plataforma digital conocía y también la que desconocía, pero fue autodidacta y aprendió. Ese maestro, además, pasó horas en el teléfono o en su correo electrónico tratando de contactar a decenas de alumnos que aún no habían respondido al llamado de la educación a distancia. Adicional a eso, ese mismo maestro hizo referidos al personal de apoyo, a maestros de educación especial y a directores escolares para dar la voz de alerta cuando todavía había alumnos sin aparecer.

Las decisiones tomadas por el Secretario del DE para este cierre escolar, son también una falta de respeto crasa hacia la inmensa mayoría de los alumnos responsables que se fajaron diariamente, desde sus hogares, cumpliendo con múltiples tareas, proyectos y exámenes que les eran enviados constantemente por sus maestros. Muchos de esos estudiantes con la única herramienta que contaban era, la de un celular, pero con un alto sentido de responsabilidad que los llevó a buscar todos los medios a su alcance para cumplir con su deber.

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El mensaje del Secretario es además, un bofetón en el rostro de todos aquellos padres, madres y abuelos(as) que se convirtieron en maestros y pasaron horas sin descanso ayudando a sus hijos o nietos con las múltiples encomiendas escolares que les eran enviadas. Esos padres, madres o abuelos(as) tuvieron que aprender, indagar, buscar ayuda y/o navegar en Internet (entre otras gestiones) para poder entender conceptos de todas las materias y así, durante muchas horas diarias poder ayudar a sus hijos o nietos.

El Departamento de Educación es una agencia que, a mi juicio, debe ser modelo de planificación, estructura, eficiencia, diligencia, asertividad y sobre todo de integridad. Una vez más, con mucho pesar lo señalo, ha dado muestras de todo lo contrario.

Es indignante e inmoral pasar a todos los alumnos por igual. También es una falta de integridad evaluar, conforme a los criterios establecidos, al alumno que cumplió con todas sus tareas, pero adjudicarle exento a todo aquel, que aun teniendo las herramientas a su alcance, no cumplió porque simplemente no quiso. El no penalizar a los alumnos durante este atropellado proceso, no puede ser sinónimo de premiar al que fue irresponsable. ¿Dónde quedó el alumno que, teniendo los recursos y los medios para hacer sus tareas, no las hizo? ¿Qué pasó con el alumno que desde el primer día de clases en agosto incumplió con todos los requisitos establecidos? ¿Dónde quedaron las millas extras y el sacrificio de maestros, personal de apoyo, alumnos y progenitores? ¿Todo quedó en la mera satisfacción personal?

A mi juicio, la educación y la justicia son pilares de toda sociedad. No es justo “premiar” al que no cumplió y medir con la misma vara a todos por igual. Educar va mucho más allá de una calificación o un grado otorgado. Nos guste o no, el Departamento de Educación de Puerto Rico ha proferido al pueblo un mensaje errado de aquellos principios de justicia, responsabilidad e integridad que deben ser algunos de los pilares de la educación de un pueblo. Ese mensaje, no se mide con una calificación, pero sí con la vara del pesar monumental que ha generado en el ánimo de un pueblo.

Hoy, mis aplausos colosales, que resuenen en el infinito, son para todos aquellos educadores, directores escolares, facilitadores docentes, personal de apoyo, alumnos y padres que fueron responsables y dieron mucho más que la milla extra. En todo proceso hay enseñanza. Confiamos que éste, no será la excepción. ¡Adiós, año escolar 2019-2020! El año de la resistencia.

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Carmen J. Fernández Espada La autora es maestra de Español del nivel secundario en la escuela José Felipe Zayas, de Coamo. Posee una maestría en Educación y ha ofrecido cursos en la Universidad Católica de Ponce, la Universidad Interamericana y EDP University de Villalba.