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Por Juan Negrón Ocasio

Históricamente, en PR los políticos oportunistas (corruptos) conocen la actitud (costumbre) del elector puertorriqueño, y utilizan esa amnesia política.

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Juan Bertin Negron OcasioOPINIÓN - El político electo es un funcionario público. Se debe en su desempeño social tanto por quienes lo eligieron, como por los que no votaron por él. Porque ese candidato electo jamás tiene certeza quién votó por él. Es electo en un proceso democrático y tiene el deber moral y ético de ejercer funciones que beneficien a todos igual dentro su jurisdicción y lealtad pública. Es un cumplimiento de honradez.

La política en Puerto Rico se ha corrompido en las últimas cinco décadas de tal forma que ya no es un acto cívico. Se ha vuelto una política de partidismo y pancismo. ¡Ha sido un desastre sublime! Porque han convencido a los electores que no existe otra forma para encontrar el porvenir poniéndole gríngolas, y si se las quita no es leal a su partido ni a su herencia idealista.

Por tales motivos, los electores se han vuelto “fanáticos” de los partidos políticos desligándose de candidatos decentes, honestos, respetuosos. Es así que ha llegado en estos momentos la supuesta democracia de PR en jaque-mate. Dándole una victoria insensata a verdugos. ¿Tiene culpa el elector de la situación denigrante socio-política actual de Puerto Rico? ¡Sí!

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Porque los electores deberían ser selectivos en las urnas. Hace años debieron votar por candidatos de confianza que tuviesen un historial laudable; no simplemente por ser candidatos selectos por algún partido que lleva más de 50 años prometiendo lo mismo elecciones tras elecciones cada 4 años sin logros, sin avances. Todo lo contrario PR está peor que nunca en su historia: su ambiente contaminado, los servicios sociales deteriorados, la educación inservible, y aquella moral susceptible ha ido desapareciendo. Crea terror esas condiciones de vida. La corrupción política ha ido construyendo un país magnánimo a uno abarrotado de elementos insensibles a las necesidades reales de la población.

Someten en un abismo al elector sin otra opción que explotar en protestas y manifestaciones exigiendo lo que por derecho propio le corresponde. Y, es paradójico, exigiéndoles a los funcionarios públicos que cumplan con los deberes para los cuales fueron electos. Todo ese proceso socio-político absurdo es injusto y el votante debería recapacitar y entender lo que es justicia social. Lo contrario sería egoísmo colectivo.

El grave problema es que comienza a justificar que son los “otros” los culpables y no su partido. ¡Eso es fanatismo!

Es indudable que esos políticos de los dos partidos mayoritarios han abusado de la confianza del elector isleño. Pero también es cierto que esos mismos electores se dejan engañar adrede por ideales confusos y tergiversados. Un elector que lleva años votando por el mismo partido político que lo somete a la pobreza y sigue en las mismas condiciones sociales y económicas, entonces merece lo sucedido. Merece lo que tiene.

El grave problema es que comienza a justificar que son los “otros” los culpables y no su partido. ¡Eso es fanatismo! Ser fanático de un equipo de baloncesto que pierde y decir que su equipo solamente perdió por un punto. Uno, diez, mil puntos es irrelevante. Perdió y se acabó el juego. No deberíamos ser electores fanáticos. Sino sensibles a necesidades colectivas de la nación.

Históricamente, en PR los políticos oportunistas (corruptos) conocen la actitud (costumbre) del elector puertorriqueño, y utilizan esa amnesia política. Olvidan fácil los desbarajustes y atropellos cometidos por partidos tradicionales. Por esa razón eligen los mismos, y los mismos siguen engañándoles. Pocos entienden las responsabilidades del servidor público. Éste debería exhibir en su frente un sello de ética y moral y el elector demandarle justicia social a todo candidato.

La falta de verdadera visión soberana aún está por desarrollarse. Existe la necesidad de todo ciudadano obligarla a funcionar por el bienestar de todos. La insensibilidad demostrado está no funciona. Ha saqueado a nuestro pueblo hospitalario, humilde, cosmopolita. La corrupción política abole nuestra grandeza como pueblo.

Para cambiar nuestra nación por un país próspero donde resurja esa delicadeza, sencillez y humildad que nos caracteriza como puertorriqueños tendríamos todos que deshacernos del fanatismo político.

Porque si se hunde la isla nos ahogaremos todos.