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Category: Vida Social

Por Juan Negrón Ocasio

“Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.”
Alberto Cortez, QEPD (1940-2019)

Alberto Cortez

Juan Bertin Negron OcasioAcababa de llegar a San Germán desde Estados Unidos...Allá estudié mis últimos años de escuela intermedia, luego graduándome de escuela superior a los 17. Fueron tiempos de confusión, y difíciles.

Me pasé los próximos tres años brincando de un trabajo a otro. No tenía responsabilidades ni deudas ni nada que me obligara estacionarme en un empleo hasta podrirme. Salía y nunca regresaba pensando en “pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo”. ‘

En mis tiempos de mozo, lo único que tenía era mis pensamientos, unas ideas, una pasión por ser o hacer algo diferente con mi vida. ¿Qué? Nadie sabía, ni yo. Y seguí la senda de “...construir castillos en el aire a pleno sol, con nubes de algodón en un lugar, a donde nunca nadie pudo llegar usando la razón...”.

Entonces fue cuando llegué a la Ciudad de las Lomas en 1978...Admito, estaba confundido, y me sentía extraño, y hasta tímido; nunca lo supieron, pero los únicos con quienes contaba para entender el ambiente (y sentirme bien) en que me encontraba eran mis amigos: Güi, Jossie (Luna), Ito (Cintrón), y Ángelo. Ellos ya se habían hospedado en algunos sitios antes. Cuántas veces los botaron de aquellos lugares, no sé. Eran bastante ‘jolgoriosos’.

Recuerdo que conseguimos un apartamento en un edificio acabado de construir en la Calle Luna. El dueño se llamaba Eloy. Entre los cinco, pagábamos un cuarto que compartíamos amontonados como güimos. Era tan corto el espacio que no podían caminar dos adentro a la misma vez. Teníamos cinco literas en vez de cuatro. Dos en un lado y tres al otro. El que dormía en la última de arriba, que casi tocaba el cielo, era Jossie quien posiblemente mide 6’2” de estatura. Pasamos las de Caín, pero sobrevivimos. Por eso es que "A mis amigos les adeudo la ternura y las palabras de aliento y el abrazo...” y cada vez que los veo los abrazo. Jamás estrecho una mano a un amigo sincero, sino que lo abrazo.

Fue un año difícil alejado de mi familia, y decidí independizarme de mis amigos, vivir sólo, y analizar bien lo que deseaba hacer: si continuar con mis estudios, o regresar a EE.UU. Aun así no encontré forma de definir lo que quería...porque siempre pensé que, “A partir de mañana empezaré a vivir la mitad de mi vida...a partir de mañana debería aceptar que no soy el más fuerte...que no tengo valor ni pudor...de ocultar mis heridas...”.

A los 12 años había escrito algunas “canciones” que en realidad, no lo eran porque nunca fui músico ni lo seré. Pero Alberto Cortez, Joan Manuel Serrat, Antonio Cabán Vale, y otros me halaban hacia la música, aparte de los clásicos como Beethoven, Bach, Chopin, Mozart...Y escribía algunas poesías que les interesaba a nadie. Únicamente mis amigos por compasión las encontraban fascinantes cuando se las leía. Las letras y la música siempre ha sido mi interés.

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Un día me puse a pensar locuras que sería el mejor poeta del mundo...y fueron noches de desvelos, de lecturas interminables...de escribir hasta desbordar ríos de lágrimas encima de páginas en blanco. Hasta que me tropecé con los verdaderos poetas. Por mencionar algunos, porque no hay espacio para escribir los miles que leí: Neruda, Julia de Burgos, Borges (quien nunca entendí), Benedetti, Manuel de Unamuno, Gabriela Mistral, Darío, Miguel Hernández, García Lorca, Antonio Machado, Llorens Torres, Gautier Benítez, José de Diego, Lola Rodríguez de Tió, Luis Pales Matos, Alfonsina Storni...fueron innumerables noches de desvelo.

No salía de la biblioteca del Recinto Universitario (El Poly) hasta que empezaban a pagar las luces. Leí tanto. Me queda algo de esa costumbre, pero sólo 2 - 3 libros por mes.

De esas lecturas salió el sencillo poemario: “Sentimiento, Pensamiento...y algo de poesía” (1988). Y todos mis amigos y familiares querían tenerlo (de gratis, y nada ha cambiado). Creo que el primer villalbeño en publicar un libro de poesías fue Carlos A. Mercado, a quien conocí en Nueva York y compartíamos una amistad. (Después de mí llegaron los demás.) Y, pensé que ya estaba entre los grandes. Y me equivoqué porque “Más allá de cualquier ideología...de lo sabio o profano...soy del espacio, soy la vida; por el hecho de ser un ser humano...constructor de mis virtudes...de mis defectos”.

Un libro que me despertó de mi ensoñación, de esas ilusiones que uno como escritor desea que alguien lea lo que uno escribe, lo fue “Desde un rincón del alma”, del Maestro Alberto Cortez. No fue el libro que me dictó este camino difícil de escribir. Me abrió entendimiento que cualquier empeño uno se proponga es difícil. Alberto Cortez se lo propuso y fue un buen cantante, un gran poeta, un excelente compositor.

Cuando estudiaba en la Universidad Interamericana escuché bastante sus canciones. Me fascinaba esa forma peculiar de escribir cosas sencillas. La inmensa mayoría de las canciones de Alberto Cortez son pura poesía.

Leyendo “Desde un rincón del alma”, un libro de palabra sencilla, como sus canciones, canciones que dan vida a un perro, fue para mí algún punto de referencia para seguir en lo que decidí hacer en la vida. “Era callejero por derecho propio, su filosofía de la libertad, fue ganar la suya sin atar a otros...”, y despertar la inquietud de entender la distancia y el pasar del tiempo con una melodía tan fantástica como “Mi árbol brotó, mi infancia pasó, y hoy bajo su sombra que tanto creció, tenemos recuerdos mi árbol y yo...”. (Salí de mi casa joven y llegué cuando casi todo había cambiado.) No obstante, leer libros de grandes literatos, escuchar música de calidad, es imprescindible, necesario.

Es impresionante componer e interpretar con tanto decoro una canción de las cosas sencillas, del diario vivir que muchos siquiera ven al estilo de Alberto Cortez. Hace como 15 años tuve la oportunidad de ir a un concierto de Alberto Cortez en el Teatro Ritz (Elizabeth, NJ). ¡Fue espectacular! Puso el micrófono atrás de él, y retumbó el teatro la voz “a cappella”.

Diría, sin reservas, que he tenido mucha suerte en la vida de ser quien soy, gracias a quienes he tenido la oportunidad de leer y con quienes compartir, familiares y amigos, y porque no decirlo... de nacer.