Policía
Category: Vida Social

Por Juan Negrón Ocasio

old Villalba

Juan Bertin Negron OcasioNadie me vio cuando llegué ni mucho menos me vieron cuando salí.

Me hice el loco como aquellos que ya nadie recuerda en Villalba.

-Si te llegan a ver te dejan como tusa. -Me dijo Ángelo.

Me paré frente ‘e la plaza y parece que me iba a dar un patatú cuando vi a Firinga con el moño parao. Viré la cara. Caminaba de medio lao y como buscando chavoh prietoh miraba el cemento gris de la acera. Gracias a Dios que estaba cayendo el sereno y me iba de rumba pa la cama porque me tenía mariao con su bamboleo.

Ese día estaba empachao de tantas piraguas que me comí del quiosco de Alejo, el papá de Pedro El Piragüero. En aquella esquina se oían los gritos de Míster Laporte cuando le gritaba a los bulis, “te voy a raspar un cocotazo que te vah a lambel”. Yo me hice el loco. El que no oye. Porque sentí como que se me estaba pegando la monga. ¿Qué caraj’ es eso de monga?

Despueh, apareció Santo El Bombo con un chichón en la frente pidiéndome una pejeta. Le dije “¡Chaachooo, una peseta, yo no tengo ónde caerme muerto! Vete a otra esquina que en esta estoy yo.” Y se fue cerca de la iglesia. El cura nuevo que llegó hacia ya 50 años lo miraba de reojo, esperando ver lo que hacía, hasta que el cansancio lo dominó y se fue a buscar la siesta de las 12. Nadie más lo vio hasta las 9 de la mañana del otro día porque la misa de las 6 la eliminaron. Solamente iban a esa misa 3: el sacerdote, el monaguillo obligao y el que limpia el santo hogar (también obligao). Así que tuvieron que tumbarle 3 horas a la misa para que los feligreses durmieran un poquito más. Ya nadie reza a la hora que canta el gallo. Sólo en las promesas se reza hasta la madrugá si hay ron, galletitas y salchichón...si no, nadie se amanece, y tienen que hacer un poco de café prieto colao pa’ espantar al sueño.

Parrocoop

Me fui caminado a pie y los villalbeños me saludaban con gran cariño, “weepaa”. Qué lindos saludos recibí. Vi a Chemo que estaba ajumao en la esquina de la panadería de La Vega y vi a todos mis panas disfrutando de los bochinches del día. Las conversaciones eran amenas. Vi los jevos con las jevas grajeándose en la oscuridad bajo la luz de la vista de todos. Adentro de la sangüichera estaban jartándose una docena de gente que pedía Coca-Cola y sangüiches de queso con jamón, uno pidió uno de bistec, los demás lo miraron con rareza.

Cuando pasé por la tiendita que todavía estaba abierta porque no la habían cerrado compré una cajita de conflei, una caja de ace para lavar la ropa y un pote de místerklín.

Al otro amanecer, cuando me levanté de la cama, puse los pies en el piso y vi la luz del día por la ventana. Inmediatamente, sin apuro, me tiré otra vez pa la calle y escuché a mis queridos compueblanos que me gritaban, “weepaa” y yo les decía “Hola”, “Buenos Días”...

Un señor con el pelo color cachispah de coco le decía a un niño, -Haz bien y no mires a quien. -Y lo soltó hasta que se desapareció adentro ‘e la histórica Escuela Makñons.

-Al que buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija. -Le dijo otro viejo que escuchó al viejo que estaba aconsejando al niño.

-Hay que sembrar pa cosechar. -Le respondió.

-Se predica mejor con el ejemplo. -Replicó el otro.

-A palabras tontas, oídos sordos. -Contestó el abuelo.

-No sólo de pan vive el hombre. -Dijo.

Y se fue sin decir más apotegmas. Siguió rumbo calle Muñoz Rivera abajo y se perdió en la soledad del pueblo.

Yo también seguí con mi observación de ocurrencias que nadie hace. Si la gente observara y escuchara más quizá el mundo fuera diferente. Quizá.

Bajando las escaleras de la Barriada de los Perros donde una vez hubo vida alegre vi como doña María llevaba a Ramón a chancletazo limpio.

-El villalbeño que no haya recibido un chancletazo no es villalbeño. -Dijo don Colo. Me reí de la ocurrencia y desvié el paso firme medio virao hacia la Calle Barceló.

Allí vi al Licenciao Cervoni hablando con un cliente, los oí, los vi. Uno de los mejores en leyes. Salió un chiquitín y le interrumpió la conversación, enojado, sin gritarle exclamó a toa boca, -Los niños hablan cuando las gallinas mean, oíste.

El niño se quedó pensativo. Posiblemente imaginándose una gallina mear. Se fue lejos. Quizá aprendió a pedir con el permiso. Quizá.

-Bueno lo que sucede es que a ese no lo salva ni el médico chino. -Dijo Cervoni y el hombre se fue pensando pensativo. Quizá en un médico chino. Quizá.

Hacía ya tres meses que llevaba una dieta firme. Me dio hambre. Entro a una cafetería en Tierra Santa y veo el menú:

*Mofongo *Coquito *Arroz blanco *Pasteles
*Aguacate *Sopas de todas clases *Flan *Pernil *Alcapurrias *Arroz con gandules *Sancocho *Tembleque *Bacalaítos *Sorullos de maíz *Arroz con pollo *Tostones
*Lechón Asao a la barita *Cervezas frías con traje de novia... ¡y MÁS!

Si lo digo, nadie creería como salí de allí.

Se acabó lo que se daba leí en alguna pared del último negocio al marchar de Villalba cuando nadie me vio.