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Por Juan “Bertin” Negrón Ocasio

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Juan Negron OcasioOPINIÓN - Las elecciones las gana el candidato que mejor convenza. El que domine la mercantilización de ideas que llenarían las idealistas necesidades del electorado. Esas ideas podrían desarrollarse y manifestarse como consecuencia de la inconformidad de los votantes. Siempre predomina ganar elecciones que implementar lo que se prometió durante la campaña.

En 2008, Barack Obama, expresó que no creía en el matrimonio del mismo sexo. En 2012, debido al flujo del movimiento LGBT cambió su postura. Ganó ambas elecciones. En las pasadas elecciones Donald Trump continuamente expresó que el sistema de elecciones estadounidense estaba corrupto. Recientemente en “60 Minutos” dijo que “…es un sistema diferente y yo respeto el sistema”. Culpabilizó a China de “engañar al mundo del calentamiento global”. No dijo nada sobre las promesas de cambiar las prácticas de comercio entre EEUU y China. Refiriéndose a Méjico, “construirá cercas en áreas donde sea necesario” en vez de construir una hermosa muralla. Concluyó que en vez de deportar 11 millones de indocumentados solamente deportará 2 o 3 millones “que tengan antecedentes criminales”. Las promesas electorales y la realidad se distinguen en la aplicación.

Todos los que siguieron las recientes elecciones de EE UU deberían recordar que Trump arremetió con todas las estructuras de la democracia. Atacó a Rentas Internas, el Sistema de Justicia, los Senadores, y se revolcó en contra de las mujeres, indocumentados, grupos religiosos, y medios de difusión. Las promesas estaban ahincadas en cómo EE UU maneja sus “negocios” con otras naciones, y que mejoraría la infraestructura eliminando toda ayuda económica y militar a otros países “que no pagan nada a EE UU”.

Los factores sociales son los que cambian el discurso político de campaña y el discurso de la realidad. Se ha notado como Trump en los últimos días ha cambiado de ultraconservador a centrista. ¿Por qué se da este fenómeno? De acuerdo a la Prensa Asociada, Trump ganó la presidencia por colegios electorales: 306 vs. 232. No obstante, el factor determinante que adjudica el cambio de posición del presidente electo es el resultado del voto popular: Clinton - 61, 039, 676; Trump - 60, 371, 193. La diferencia es de 668,483 electores. O sea, la mayoría del electorado norteamericano votó a favor de Hillary Clinton.

BA Tierra-Santa-Total-GasEste coeficiente indica, evidentemente, que existe un rechazo popular en contra del gobierno que intenta imponer Trump. Los asesores deben haberlo advertido sobre este acontecimiento. En los últimos días cientos de miles de personas han protestado en numerosas ciudades. Indudablemente, de esas demostraciones surgirán grupos que abogarán en contra de los cambios que prometió Trump. El cambio momentáneo de su postura se debe a la presión de los electores insatisfechos. Las promesas y la práctica son dos fenómenos políticos distintos.

La realidad es que el presidente electo es un empresario y como tal defenderá sus intereses corporativos y a sus aliados. Dentro de los cambios de su política deben esperarse: rechazo al calentamiento global, engrandecer la militarización interna y disminuir la externa, imponer severas regulaciones de inmigración, aumentar la privatización y disminuir servicios públicos. Disolverá o disminuirá programas sociales. En todas estas composiciones del estado están envueltas, directa o indirectamente, empresas norteamericanas.

Los medios de difusión informan que Donald Trump ganó a causa del resentimiento del electorado con el establecimiento político en Washington, D.C. Esta postura parece ser frívola y necesita un análisis más profundo. Los republicanos ganaron el congreso en 2014, y la Cámara de Representantes en 2010. Con ese dominio impusieron una parálisis total a las propuestas de Barack Obama. De ser cierto el resentimiento, los electores de Trump estarán en una eminente trinchera porque eligieron a los mismos senadores en el Senado y en la Cámara Baja, y en la campaña hubo batallas entre Trump y senadores republicanos.

Todo indica que posiblemente exista una brecha entre promesas de campaña y lo que hará el nuevo presidente para mejorar la situación socio-económica de USA.