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Colaboración de la profesora Carmen J. Fernández Espada

Yo, educadora por más de 22 años, no me siento preparada para entrar a un salón de clases con esta nueva realidad que enfrentamos en la isla.

Terremoto Escuela Agripina Seda

Prof. Carmen J EspadaOPINIÓN - Los inicios de este nuevo año han estado marcados por impactantes acontecimientos, no sólo en Puerto Rico sino a nivel mundial. Éstos, en su mayoría, asociados a eventos atmosféricos impredecibles y destructivos, tales como los devastadores incendios en Australia, el estallido de cuatro volcanes en diversos puntos del planeta (Canadá, Alaska, México y Filipinas), los fuertes tornados registrados en Carolina del Sur y, en nuestra isla, la alta incidencia de suicidios y la alarmante actividad sísmica sentida en todo el país desde el pasado 28 de diciembre de 2019. A esto se añade la amenaza militar de Irán tras el asesinato de su principal general Qasem Soleimani. De todos ellos, destaco en este artículo el tema que mantiene en alerta a todos los puertorriqueños, dentro y fuera del país: los terremotos.

Puerto Rico está ubicado en una zona propensa a movimientos telúricos que ocurren prácticamente a diario. Lo inusual en este caso es que los mismos se han ido intensificando, no sólo en magnitud, sino también en frecuencia. Las razones ya han sido ampliamente explicadas por los expertos. Esto ha creado pánico en la inmensa mayoría de los isleños. En las pasadas semanas, todos, en mayor o menor magnitud hemos experimentado los movimientos telúricos. Ver las imágenes de los pueblos directamente afectados por los sismos arruga el corazón de cualquiera. En mi caso, dado mi escenario laboral, no puedo sacar de mi mente las impactantes imágenes de la escuela elemental Agripina Seda de Guánica. Aún en la desgracia puedo ver la mano de Dios. Si el evento del 7 de enero de 2020 hubiese ocurrido tan sólo dos días después, la historia fuese otra muy distinta.

Expertos puertorriqueños y extranjeros han presentado, dentro de la impredecibilidad del asunto, diversos posibles escenarios y todos coinciden en que la actividad sísmica continuará. Y aquí las preguntas son:

¿Cómo, luego de ver las imágenes de la escuela Agripina Seda de Guánica pueden los alumnos, maestros y demás personal no docente regresar a sus respectivas escuelas pensando que van a entrar en una trampa mortal de cemento, varilla, columna corta o larga, bloque y hormigón?
¿Cómo olvidar las palabras proferidas por el secretario del Departamento de Educación quien aceptó que el 95 % de las escuelas en Puerto Rico no cumple con los códigos de construcción?
¿De qué manera volvemos a entrar a una escuela dejando a un lado los análisis de ingenieros estructurales sobre la ya famosa columna corta con las que están construidas la inmensa mayoría de las escuelas del país?

Yo, educadora por más de 22 años, no me siento preparada para entrar a un salón de clases con esta nueva realidad que enfrentamos en la isla, donde la ansiedad, el temor y la incertidumbre nos abruman. Estos sismos ocurridos no son causados por las manos humanas, pero la manera en que se ha puesto en riesgo la vida del ser humano construyendo 95 de cada 100 escuelas, sin los debidos códigos de construcción, sí lo es. Y he aquí la indignación. Se habla de realizar evaluaciones a las escuelas antes del reinicio escolar. No podemos confiar en estas evaluaciones por las ya temibles experiencias con ciertos procesos gubernamentales caracterizados por la incompetencia y la contratación de profesionales que están vinculados al inversionismo político.

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El Departamento de Educación ha indicado que el reinicio escolar será el próximo 22 de enero en aquellas escuelas que sean certificadas luego de la inspección. La agencia ha demostrado no tener un plan B, mucho menos C, más allá de unos simulacros trillados de “agáchate, cúbrete y protégete” que en ningún momento contemplaban la magnitud de los recientes eventos y mucho menos la trampa mortal de la “columna corta”. Parece mentira que en pleno siglo XXI donde la tecnología debe ser nuestro mejor aliado no se haya contemplado, dependiendo del nivel escolar, retomar las clases, atemperadas a esta nueva realidad y hacerlo, por ejemplo, de manera virtual. Muchos padres están considerando el “homeschooling” para completar este año escolar, otros han optado por la emigración. ¿Y los demás? ¿Regresaremos a un salón con la angustia permanente de que en cualquier momento podría ocurrir lo indeseable? ¿Quién puede trabajar así? ¿Cómo un niño o adolescente puede estar apto para aprender con esta incertidumbre?

El educador es quien está en un salón de clases con 25 o 30 estudiantes. Es el principal recurso con el que cuenta el sistema educativo. El maestro, es también un ser humano que teme por su seguridad y por la de sus alumnos. El maestro puertorriqueño es creativo, líder, estratega, entre muchas virtudes más. ¿Se le ha ocurrido a alguien escuchar nuestro sentir o propuestas con relación a toda esta nueva realidad que enfrentamos? Son muchas las preguntas a responder y muchas las medidas nuevas a implantar. Tenemos que responder a nuestra nueva realidad sísmica que exige un sismo administrativo, curricular y operacional en el sistema educativo.