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Por Juan “Bertin” Negrón Ocasio

 Juan Negron Ocasio

Hace muchos años fue publicado mi nombre en el primer libro (creo 2009) de historia del pueblo de Villalba. No estoy seguro si fue el primer libro de ese género. Quedé sorprendido porque realmente, a mi entender, escribía, en aquel tiempo, artículos periodísticos y algunas locuras (en los pocos medios que me publicaban) y (creo) solamente había publicado un sencillo libro de poesías (Sentimiento, Pensamiento…y algo de poesía, 1988). No recuerdo por qué le puse ese título, tampoco recuerdo si mi esposa me lo sugirió (quizá esa fue la razón). Han sido siempre las mujeres, desde los tiempos primitivos, las que perciben el mundo real mejor que los hombres (lástima de los que nunca lo entenderían así).

De todas formas doy gracias a ese villalbeño que (nunca supe por qué) se atrevió a incluir mi nombre en tan valorable documento. (¡Gracias al Profesor Doel López! Para que después nadie se atreva a decir que nunca fui agradecido.) Cumplí. Pero creo que debió incluir a aquellos que sí son merecedores de la honorable historia de Villalba y dejarme a mí para…después. (Cuando me lo hubiera merecido.) Yo, en realidad, soy un simple asiduo escritor. ¡Nada más!

Yo quisiera de alguna forma aclarar eso de escribir cosas, que a veces yo mismo no entiendo, y aquellos que han escrito, que indudablemente son mucho mejores escritores que yo, no pueden tampoco explicarlo. Lo que sí puedo decir con certeza es que ¡absolutamente nadie! puede escribir acerca de algo que desconoce. (Díganme quién, para saberlo.)

Quedé estupefacto cuando escribí mi primer relato en Villalba Online (creo que fue “Llegó El Gringo”) en donde intenté desacreditar la injuria hecha al Honorable Walter Mckown Jones. Otro intento aquí del nombre verdadero. Los lectores apreciaron el relato e hicieron sus comentarios. Mi entusiasmo de escribir este relato se debió, en aquel entonces, de mi pasión de entender la vida del nombre de la escuela donde nacieron mis primeras inquietudes de descifrar el abecedario hispánico, aprender a leer y a escribir, y guiado por el fervor noble de aquellas maestras que todavía recuerdo, especialmente, Ms. Rosa y Ms. Martínez. No existía en mi mente ni en la de nadie (en aquel tiempo) sospecha de que aquellas letras compondrían las palabras de ideas que aquí planteo.

Luego, publiqué “El Chorro de Doña Juana” que (para mí) fue un relato sencillo, pero que para innumerables villalbeños sería algo fenomenal. Una utopía ficticia que ni siquiera sé su propósito. No tardé mucho en crear “Se llamaba Cachún” relato que (indiscutiblemente) me conmovió (a mí) personalmente el alma. ¡Qué reseña tan fenomenal! (Lleno de parábolas, analogías, críticas sociales y políticas.) En esta narración metafórica hice el intento de desenterrar la memoria de unos de los personajes de nuestro pueblo más “temido y querido”, a la misma vez utilicé numerosas técnicas literarias para lograr mi propósito. (Jamás en mi vida he sido cómplice de la humillación a los más vulnerables de la sociedad. A todos mis personajes he dotado de la inmortalidad y con el respeto que merecen.) Temido “Cachún”, aclaro, debido a su personalidad y su forma de ser visto con ojos de la sociedad (incluyéndome a mí). Definitivamente nunca fue abandonado por su familia, por la sociedad sí.

Pero muchos años antes en la Revista El Maratón de Villalba de los honorables Noel Rosado Sanabria y Jorge “Chiqui” Marrero (también) se atrevieron a publicar un artículo (mejor dicho una analogía) que escribí de Cachún y mi hijo Guarionex. No recuerdo mucho de lo que escribí ni tengo copia del artículo (si alguien que lea esto tiene esa edición de la revista, devuélvame mi artículo). Sí recuerdo que hice una comparación de la vida de Cachún y la de mi hijo Guarionex que para aquel tiempo tendría algunos 5 años. Lo increíble de la publicación de “Se Llamaba Cachún” fue la aceptación de lo que la gente ya había olvidado. Y comenzaron a escribir comentarios, anécdotas.

Luego publiqué “La Vida de Jesús” en la que se intentó hacer una comparación de un personaje inventado (de Villalba) con la vida de Jesucristo (y creo que fui yo y varias personas más los que leyeron lo que escribí). Creí en aquel tiempo que fue uno de mis grandes relatos, al igual, de la misma forma, sin repetirlo, diría lo mismo de “La Aparición de la Virgen del Carmen”. ¡Qué Pena! Pero aquellos que leen son los que dictaminan si sirve o no lo que el escritor intenta contar (si lo entienden).

BA Taller-DvilaSiguiendo la línea de lo que me acordaba de mi pueblo, se me ocurrió escribir acerca de un atleta villalbeño y puse mi empeño en escribir sobre Carlos Báez, Luis Rivera o Héctor “Papo” Díaz (este último vivía donde fue el antiguo matadero y su papá, Héctor Díaz, era buen amigo de mi abuelo Reyes Manuel Ocasio (que en paz descansen los dos). [Yo nunca tuve comunicación con esta gente que menciono y que tanto aprecio.] Comencé a escribir sin saber lo que iba a concluir, como quien dice a lo loco, tenía una idea clara, pero no el personaje principal. Yo escribo hacia un punto culminante, después arreglo los disparates (perfecciono hasta más no poder la emoción o el pensamiento o la idea). Nunca escribo y lo dejo como salió. Mis escritos son un proceso “tedioso”, incesante de horas de desvelos. Dentro de los detalles que ya tenía expuestos, me acuerdo mientras escribo que en el 1972 mi querida madre (QEPD) me permitió irme a estudiar a Puerto Rico. Estudié en la Escuela Superior Francisco Zayas Santana y evoqué desde algún punto de la memoria una carrera de “un Field-Day”; vi en mi pensamiento a un atleta flaco, trigueño, de pelo largo color azabache. Hice un esfuerzo imaginario y confabulé para que aquel atleta posiblemente fuese Eduardo “Hunga” Maldonado. Dentro de lo que escribo, escojo “Hunga” por ser un nombre sumamente místico (en realidad no sé si es “Unga” o “Hunga”). Además, de que en mis innumerables lecturas concluí que Hunga no había recibido el reconocimiento merecido aún teniendo un historial de logros atléticos locales y nacionales destacados. (El problema de no reconocer a ilustres villalbeños es de las instituciones del municipio, no mía). Para mí fue un gran honor hacerlo y para los lectores de Villalba también (de acuerdo a los cientos de comentarios). Yo nunca en mi vida he conocido ni he hablado con Hunga y si le preguntan él diría lo mismo. Él no sabe quién soy yo (algún día será un encuentro histórico). De todas formas, estudié en la Francisco Zayas Santana (junto a mis viejos amigos Pocholo, Miguel Zambrana, Lionel Torres y Félix Luis “Güi” Arroyo Rodríguez, además de los innumerables amigos y amigas que hice), pero por esas cosas de la vida en diciembre, 1973 regreso a Nueva Jersey.

Se me ocurre escribir sobre una idea que hacía tiempo tenía pendiente en alguna parte de mi corta imaginación: “Los Memorables Villalbeños”. Comienzo el relato ficticio sin ningún problema. Comparto los personajes (solamente) con mi amigo, hermano y compadre Félix Luis “Güi” Arroyo Rodríguez. Me indica en un texto que se me olvidó “Cheo el Ciego” y “Generoso El Cabro”. Simplemente le indiqué que nunca los conocí ni sabía quiénes eran. Pero los incluí. Envié el relato a Jossean (Villalba Online). Luego me acuerdo de Boliche y de Panita que no estaban incluidos. Le envío un texto que no publique lo que le envié. Reviso el relato e incluyo a Boliche y a Panita. (Aquellos que tienen mejor memoria que yo, deben publicar los nombres de pila (reales) de estos personajes épicos.)

Nadie puede escribir de algo que realmente desconoce. Todo cuento, relato, historia, novela, poesía cae dentro de un contexto de un pensamiento o un sentimiento del autor. ¡Así yo lo creo! Escribir acerca de algo que se desconoce dentro de un relato (cuento) ficticio es imposible. En Villalba hubo (ha habido) gente que nunca conocí. En todos los barrios hay gente que ha sobresalido de la gente común. Los más conocidos son aquellos que “janguiaron” en el centro del pueblo y son los realmente “memorables” [porque son los que la gran mayoría de los habitantes recuerdan] los demás son episodios de recuerdos solamente para los que los recuerdan, pero no para la mayoría de la población (mucho menos para el escritor). Sarcásticamente, yo les distingo entre grandes ligas (Cachún, Robert) y ligas menores (Palomita, Pistolita, Ñon-ñón). No por discriminación simplemente porque no están en mi mente o porque no sobresalieron de lo común. A mí, como escritor, no me importa lo que los lectores deducen de lo que publico porque cada persona tiene una formación social, religiosa, política, etc., distinta y sería imposible haber similitud. Lo que sí muchas veces lamento es la visión inculta de unos pocos, lo poco que se aprecia de nuestra realidad y no es hasta tanto se nos menciona que logramos entender, aceptar nuestra propia grandeza como pueblo. Yo, repito, con mi limitado talento cumplo con un compromiso histórico que creo es significativo para mi pueblo.

Los políticos que se esmeran tanto por sus politiquerías deberían comenzar a recopilar la historia del pueblo de Villalba. Deberían construir un “MURO HISTÓRICO” y llenarlo con placas de todos los personajes del pueblo de Villalba como reconocimiento a sus peculiares características pueblerinas. Con un poco de imaginación el “muro” podría ser la cerca de concreto de la Escuela Elemental Walter Mckown Jones o la del Estadio Herminio Cintrón.

Creo que sería lo menos que pueden hacer por la memoria de los Ilustres Villalbeños.

*Si desea enviar comentarios u ordenar libros de Juan “Bertin” Negrón Ocasio puede hacerlo escribiendo a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. o enviando un cheque a: Juan Negrón, P.O. Box 83, Nutley, NJ 07110-9998. Libros: Sentimiento, Pensamiento…y algo de poesía ($7.95), De Una Sonrisa a la Vida ($12.95), Déjame contarte un cuento y otros asunto ($14.95). Costo de envío incluido.