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El médico-legislador aseguró que la salud emocional de la población correccional está en juego, pues entiende que nadie presta atención a sus preocupaciones e incomodidades.

Rodriguez Mateo Central Aguirre

Foto Archivo: Senador Carlos Rodríguez Mateo

EL CAPITOLIO - El senador Carlos Rodríguez Mateo, del Distrito de Guayama, solicitó esta tarde al secretario del Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR), Eduardo Rivera Juanatey, que se reúna lo más pronto posible con la población penal del Complejo Correccional de Guayama para ponerle un punto final a la huelga de hambre que existe en el lugar y así garantizar un ambiente propicio para la rehabilitación, que es el fin primordial de la agencia y el bienestar de todo el componente correccional.

De acuerdo con la prensa, la comunidad penal está denunciando un presunto patrón de abuso de poder, violaciones de derechos, atropellos y suspensiones de privilegios sin motivos, en la cárcel, ordenados desde la superintendencia. La población correccional hace hincapié en que esto se da, supuestamente, tras el traslado de Edward García, superintendente de la cárcel, a las instalaciones de Guayama.

“Desde que nosotros llegamos a la Casa de las Leyes, nos hemos dado a la tarea de visitar las distintas cárceles del país. Nosotros nos hemos reunido con la población penal, que ha aprovechado cada oportunidad para exponernos sus quejas y preocupaciones. Nos ha hablado de los pobres servicios de salud que recibe, entre muchas otras cosas”, manifestó el también presidente de la Comisión de Gobierno de la Cámara Alta.

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El médico-legislador aseguró que la salud emocional de la población correccional está en juego, pues entiende que nadie presta atención a sus preocupaciones e incomodidades. Asimismo, insistió en que se garantice un ambiente óptimo para las personas que laboran allí.

“Ya es hora de que se trate a la población penal con la dignidad que se merece, pues también son seres humanos, como nosotros, que estamos en la libre comunidad. El efecto dominó de la situación, que también afecta emocionalmente a los guardias penales y al personal que interviene con ellos, llega hasta las madres, esposas e hijos de los confinados. Esto que ha estado ocurriendo en el último año no es ambiente para nadie que trabaje en las cárceles del país. La incertidumbre, la inseguridad a la que están expuestos, todos, no sólo los confinados, sino los guardias penales y todo el personal, es una bomba de tiempo”, sentenció Rodríguez Mateo.