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Aprobaron resolución y dirán presente en el acto. Alcaldes como William Miranda Torres, de Caguas, anunciaron que instruirán a sus policías municipales a no intervenir contra las peleas de gallos.

pelea de gallos

SAN JUAN, Puerto Rico - El presidente de la Asociación de Alcaldes de Puerto Rico, Rolando Ortiz Velázquez, invitó a defender el deporte de las jugadas de gallos por su importancia cultural y valor económico. “Mañana martes los galleros han convocado a una marcha desde El Escambrón, hasta El Capitolio y luego a La Fortaleza para hacer valer el derecho de ejercer un deporte que está debidamente reglamentado y que ha sido prohibido a partir de diciembre de este año. Los alcaldes asociados estamos del lado de este deporte y rechazamos la manera injusta y antidemocrática que el Congreso y el presidente Trump aprobaron la prohibición, sin siquiera celebrar vistas públicas”, destacó el también alcalde de Cayey.

Por su parte, la directora ejecutiva de la Asociación de Alcaldes, Lcda. Gretchen Hau Irizarry, informó que la defensa de los alcaldes a dicho deporte se puso por escrito. “En reunión de matrícula celebrada el pasado 18 de enero, se presentó una resolución a esos efectos y la misma fue aprobada de manera unánime. Los practicantes de este deporte tienen en los alcaldes asociados unos grandes aliados, pues representan 45 de los 78 municipios de Puerto Rico”.

Esta manifestación cultural se celebra en Puerto Rico desde el siglo XVI y es una de las pocas tradiciones de los conquistadores españoles que perduran hasta hoy. “Este es un deporte que genera ingresos desde la galleras a los centros agrícolas, a lo largo y lo ancho de Puerto Rico. Lo juega tanto el rico como el pobre, hombres y mujeres, jóvenes y mayores. El gobierno recibe ingresos por el IVU que generan las ventas de productos relacionados al cuidado de los gallos y también las fondas y restaurantes que sirven a los visitantes”, argumentó Ortiz Velázquez.

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Varios alcaldes asociados, entre los que se encuentran Ernesto Irizarry Salvá, de Utuado; y Carmen Maldonado González, de Morovis, han celebrado reuniones con galleros y entusiastas del deporte para ser parte de los esfuerzos para insistir ante el Congreso para revertir la decisión. De igual manera, alcaldes como William Miranda Torres, de Caguas, anunciaron que instruirán a sus policías municipales a no intervenir contra las peleas de gallos. El pasado mes de diciembre, el alcalde de Mayagüez, José Guillermo Rodríguez, insistió en la importancia de ejercer presión y cabildeo para revertir la decisión congresional.

Precisamente el pasado sábado, la Legislatura Municipal de San Juan aprobó en sesión extraordinaria un proyecto de administración que rechaza la decisión del Congreso de los Estados Unidos de prohibir las peleas de gallos en Puerto Rico.

En Villalba, los interesados en participar en la Marcha Nacional se reunirán frente a la estación de Bomberos en el desvío, de donde saldrán hacia San Juan, a las 6:30 a.m. Las guaguas serán provistas por el Municipio de Villalba.

Las jugadas de gallos tienen una larga historia. En el año 1770, el gobernador español en la Isla, Miguel de Muesas, institucionalizó las peleas de gallos y las sometió a tributación de la Real Hacienda. Decretó que era prohibido llevar a cabo peleas de gallos fuera de las galleras que tuviesen el permiso del gobierno, a lo que los entusiastas del deporte gallístico hicieron caso omiso. A pesar de estas restricciones, el deporte se volvía cada vez más popular. Para finales de la década de 1780, había galleras establecidas en la mayor parte de los poblados de Puerto Rico.

Luego del cambio de soberanía en 1898, el segundo gobernador militar nombrado por el presidente de Estados Unidos, Guy V. Henry, prohibió las peleas de gallos, pero continuaron celebrándose en la clandestinidad hasta que en 1933 el presidente del Senado, Rafael Martínez Nadal, propulsó un proyecto de ley para que se legalizaran. El mismo se convirtió en Ley luego de que lo firmara el gobernador Robert H. Gore, que también era aficionado de las peleas de gallos, las cuales también se llevaban a cabo clandestinamente en el sur de Estados Unidos, de donde Gore era natural.