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Category: Vida Social

(Cara ‘e Palo)
Por Juan “Bertin” Negrón Ocasio

¡Qué en paz descanses, dámele saludos a San Pedro!

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Juan Negron OcasioEn ocasiones las mayorías de las circunstancias desagradables que nos ocurren en la vida son imprevisibles, inesperadas, y uno se encuentra atollado en camisa de siete varas. Por tal motivo, nadie es dueño de su destino. Pero hay otras que son muy simpáticas y graciosas, otras tristes. Me he encontrado pensando a veces en cosas que haría si me encontrara en cierta situación, o pienso en cosas que posiblemente diría en ciertas situaciones. Creo que podría llamarse anticipar un evento. Buenos ejemplos de anticipar serían, si voy manejando y veo a mil pies de distancia que la luz del semáforo cambió a roja, pues anticipo que más adelante tengo que detenerme, así que, freno la velocidad. Si voy para el mercado me aseguro llevar suficiente dinero para lo que voy a comprar. Anticipar puede evitarnos numerables inconvenientes. ¡Imagínese la cara del cajero o la cajera del supermercado después que ha registrado la compra de veinte mil artículos, y usted no tiene ni dinero ni tarjeta de crédito para pagar! ¡Di’ta sea, diría, mirando el techo buscando lo que no ve!

Pero no todo en la vida se puede anticipar, sería el colmo, ni mucho menos se puede vivir continuamente pensando en anticipaciones, y peor aún, que no todo lo que uno anticipa pasa, como muchas veces puede suceder.

Pues me aconteció una situación similar a lo antes dicho hace unos días, para decirlo de una forma que mejor lo entienda, lo explicaré exactamente cómo me sucedió esta situación el día después.

Ayer me llaman por teléfono tarde en la noche para decirme que murió trágicamente un amigo mío, dicho sea de paso, y sin pena alguna, muy querido por todos los que lo conocieron y en especial por sus familiares. Fue un tipo buena gente. De esos que se encariñan con la bondad de la amistad.

-Qué pena tan profunda y qué noticia tan desagradable a esta hora de la noche saber que murió- le dije sin pensar y lo hice con las ganas que se me salió decirlo. No lo había anticipado.

Después de un buen rato de explicaciones de lo sucedido y contestaciones a preguntas que no debí hacer, quedamos, quizá por la vergüenza de haber dicho lo que dije, que yo daría el obituario al difunto, por reclamo de súplica de la familia, no por la viuda. Por un instante resistí, pero me fui por el “Ay, bendito”. Estos “haceres” son delicados y es algo que nunca he hecho y no creo que jamás ni nunca volveré a hacer aunque me paguen. (Depende cuánto.) No dormí toda la noche pensando, o sea anticipando, la difícil situación para despedir a un muerto que resulta ser uno de mis más queridos amigos que jamás he tenido. Pensé en lo que hicimos juntos, en las borracheras, en las travesuras de jóvenes, en los bailes, en las discusiones, en los enojos, en los buenos ratos, en nuestras tantas metas que nos propusimos (y ningunas se realizó), en nuestras profundas conversaciones de filosofía de la vida y de la vejez, y de la muerte también, y nos nutrimos de ilusiones.

Creer que uno conoce a las personas cerca a uno es diferente a uno tener que representarlos ante un mundo de gente viva delante de uno mirándonos con ojos de científicos, como escudriñando cada vocal, cada palabra, cada frase que uno pronuncia; y el muerto acostado al lado como si estuviera también escuchando no ayuda, y los aguaceros desbordados por las mejillas de su familia y de conocidos, y pensar en lo que están pensando lo veladores, y después de tantas veces que he oído gente hablar de los que han despedido un duelo y el bochinche aterrador de que lo que se pronunció fue trágico, deja realmente a uno atónito cuando uno es el que va a estar en esa situación.

La realidad fue que como no estaba preparado, y nunca me he preparado para despedir a un muerto, mucho menos a un gran amigo, no anticipé ni preparé nada. Y así lo hice…y me acosté a dormir.

En el velatorio me tocó el turno. Flaqueé. Creo que me tragué las amígdalas. Levantándome con canilleras llegué hasta el podio.

“Umjun, Buenas noches…eh, umjun… (Veía un millón de caras extrañas.)

“Se fue joven, pero antes se tomó todas las cervezas que pudo (hubo algunas risitas y me sentí un poco menos nervioso) y no vaciló en gozar la vida (se miraron entre ellos y acertaron con las cabezas), en vez de la vida vacilarlo a él (hubo más risas). Quiso acabar también con todas las mujeres (la esposa me miró con ojos de múcaro y me acordé que nos habíamos jurado no revelar nuestras aventuras), pero sólo una pudo conquistar su corazón (dije mirando a la esposa y ella bajó la cabeza y soltó una simulada agonía, y me sentí con menos culpa). Fue realmente un buen ser humano, aunque su fe la encontraba fuera de la iglesia (el cura hizo un intento de levantarse e irse e inmediatamente dije), pero Dios lo encontraba a él y él lo buscaba en los templos sagrados (noté la repugnancia sobre el sacerdote, pero se serenó).

Licencias-La-Vega“Tuvo algunas lamentaciones, ‘Cara ‘e Palo’, como graciosamente le decían algunos, otros, no sé por qué, le decían ‘El Alfiler’. Uno de sus más lamentables lamentaciones, valga la arrogancia, fue no poder haber cachetiao más. (Todos rieron a carcajadas y a mí también se me salieron). Hubo muchos que desearon ser como ‘Cara’e Palo’ por tantos tributos innecesarios que poseía entre estos el imán de atraer mujeres (la mujer volvió a mirarme), y el solemne atributo de su carismático humor. No hubo hombre en el universo con tanta cortesía y tan humanitario ni habrá más bondad que la suya aunque no para los desgraciados ni los hipócritas (no sé de dónde me salió esa frase, pero las miradas mostraban mucha simpatía y mucho orgullo).

“Esperemos que San Pedro lo agasaje con botellas de ron, muchas cervezas y un buen banquete de carne frita con ñame que tanto le gustaba. Hasta siempre, amigo, acuérdate que vas para la casa del Gran Padre; no te vayas para otro la’o.

“De parte de la Familia…muchas gracias por su ausencia, perdón, su presencia en este momento tan crucial… (Y quise seguir hablando, pero los aplausos me detuvieron)…muchas gracias… muchas gracias…

No hablé con nadie y salí a toda velocidad de la mortuoria con el pecho apretado, pero en la puerta me esperaba la viuda con cara intratable. No me dijo nada, metió con su mano áspera en el bolsillo de mi gabán un sobre. Pensé que era una tarjetica de agradecimiento. Al llegar a mi casa, con delicada preocupación, abrí el sobre el cual contenía un cheque de $1,500.00 y una notita.

Bertin,

Si algún día me muero despídeme antes tantos infelices. Di lo que te dé la gana. Sé que tú tendrás selectas las mejores palabras. No temas, yo estaré junto a ti.

Te quiere, tu amigo de siempre,
Cara ‘e Palo
(Me llevé una caneca, por si acaso.)