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Category: Vida Social

Por Juan "Bertin" Negrón Ocasio
A Doña Carmen Reyes de Figueroa

Virgen del Carmen BW

Juan Negron OcasioSegún cuentan, el lugar exacto es adonde está construida la iglesia. Dicen que únicamente un puñado de fieles ha logrado ver, en más de ciento veinticinco años, la Sagrada Imagen.

Ahora bien, muchos desconocen que hace más de doscientos años se estableció el pueblo. El primer habitante inscrito lo fue Don Juan Santana en 1865, y Don Juan de Dios Negrón montó el primer negocio. Cobijaban la hermosa aldea numerosas fincas de café, caña y gandules y nadie veía su grandeza porque estaba envuelta, como un regalo de Navidad, por dichas creaciones. Aquellos que han visto la imagen dicen que divisaron cierta salvación pensando en la libertad. Y nada menos fue Don José Ramón Figueroa Rivera quien ideó la redención de la aldea. ¿Quién lo duda? Él valoró la grandeza de las fragantes arboledas que decoran su maravilla y los dos ríos que descienden de sus angelicales montañas. Esos hermosos riachuelos limpian su alma inmaculada en la primigenia de la aurora. No existe otro pueblo con tan bendecida arquitectura natural.

Sin embargo, para apreciar más la hermosura del pueblo de Villalba, sus comienzos y la explicación del milagro tendríamos que naufragar, cual barca venerable despega de un puerto, con vuestra imaginación.

Veamos.

El Río Achiote no era pequeño como es hoy. La gigantesca corriente, en aquel tiempo, se desbordaba hasta colindar con la Calle Barceló la cual antes era un sencillo camino terroso. En tiempos de huracanes, se crece como una fiera, y se une con el Río Jacaguas. ¿Adónde se unen? Hace siglos era una inmensa corriente de agua limpia que nos traía numerosos crustáceos y los taínos, bajo el mando del Cacique Orocovis, pescaban guabaras, bocues, flinches, buruquenas y de manera magistral debajo las piedras agarraban gigantes camarones. Con uno comía toda la tribu. ¡Y en sus areitos también así explicaban la deidad del milagro que los socorría! El Achiote tenía unos charcos santificados donde los aborígenes limpiaban sus cuerpos de impurezas.

Al otro lado se encuentra el Río Jacaguas, llegaba arreguindándose de uno de los pequeños caminos, en un pequeño cerro, si podéis imaginar, hoy Hoyo Vicioso. Este río era mucho más feroz que el Achiote. Al pasar el tiempo construyeron enormes murallas para detener los golpes salvajes de sus corrientes que cruzaban por el Paseo Marcola hasta llegar a la plaza. Era tan violento que muchos feligreses llegaban hasta el altar de rodillas pidiendo salvación. Por el Jacaguas se navegaba en canoas hasta el lago El Guayabal. El Achiote siempre fue cascajoso, no navegable.

En el centro del pueblo no había edificaciones modernas. Solamente dos enormes caminos terrosos y cuatro pequeños caminos en medio que las unían, hoy son tres. ¿Cuáles son esas calles? Otros pequeños caminos, parecidos serpientes, servían a los trabajadores para llegar a Palmarejo, la Aceituna y al Chichón donde habían diferentes fincas. El terreno de la escuela era una finca inmensa de caña. Con el tiempo la aldea fue llenándose de gente humilde y laboriosa.

BA Rotulos-Flow-Art-DesignEn el centro del pueblo se construyó un pequeño monasterio donde vivía una mujer señera, humilde. Su hermosura la componía una piel color avena, ojos verdes claros, cual Virgen María, de un cabello adornado por rayos de sol. Todos conocían su simpatía humana. ¿Por qué vivía sola? Adentro, su modesto aposento era decorado con un crucifijo fabricado con madera de árboles del pueblo. La figura de Jesús fue fabricada con oro puro. Un ladrón ya le había puesto ojos malvados. Muchos morían de curiosidad por tan fabulosa escultura. ¿Cómo la obtuvo?- se preguntaban. Quizás Dios se la regaló- pensó alguien. Su casa era un dispensario. Los trabajadores llegaban con heridas de machetes, martillazos, uñas de pies levantadas para sentir, cual milagro, aquellas manos curativas.

Está escrito que una tarde llegó un hombre descorazonado con su hijo moribundo. Lo encontró ahogándose en un charco del Río Jacaguas. Lo acostó, como pajarillo herido, en el piso frente al crucifijo. Desbordado en lágrimas le pidió ayuda. Delicadamente tomó la mano del desesperanzado y lo guio afuera. La gente arrodillada junto a él, con el alma en las manos, oraba al crucifijo. Pasaron horas. Antes del amanecer, iluminando la capilla la estrella de David, salió el niño sonriendo tomado de la Santa Madre.

¡Una noche desapareció!

Dicen que un hombre la secuestró por la ciega ambición del oro del crucifijo, pero en su desgracia lo dejó caer. La tristeza invadió al pueblo, pero la tragedia nunca fue resuelta y en vano fue la búsqueda. El santuario, sin embargo, fue creciendo. Hay gente que confiesa que el resplandor del crucifijo en noches alumbra el interior de la iglesia y guía el bienestar del pueblo.

Cerca del 1880 llegó a la capilla Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci y la bautizó como la Iglesia de la Virgen del Carmen. Nadie lo dude, fue Don Ramón quien levantó con gloria y penuria el templo.

Hay quienes dicen que temprano en la madrugada aparece una mujer hermosa con un vestido de rayos blancos que alumbra las escaleras de la iglesia, y que sus ojos claros bendice a todos iluminando la villa con su luz de alba.

*Tomado del libro inédito: “Leyendas de mi Pueblo: Villalba”

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El autor agradece a todos aquellos que han ordenado sus libros.