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Category: Vida Social

Por Juan “Bertin” Negrón Ocasio

chistes villalbenos

Foto: Su Santidad gozándose un chiste villalbeño.

Juan Bertin Negron OcasioNadie lo sabía hasta ahora que yo se lo digo. Si no lo sabía pues ahora lo sabe: el chiste lo inventó un villalbeño. Ya está escrito y si le preguntan ya sabe cómo decirlo. Y dígalo al derecho como está, no al revés.

Nadie sabía lo que era un chiste hasta que la gente empezó a reírse. Comenzó en la plaza. Si nunca se sentó en la plaza a hacer un chiste, o a escuchar un chiste, carambola, nunca diga que es de Villalba. Porque el corazón de los chistes es la Plaza Pública Don José Ramón Figueroa.

A Villalba llegaron los mejores chistosos a hacer chistes y copiarse de los chistes de los villalbeños. Se los llevaron a otros sitios, a otras tarimas, a otros barrios, a otros pueblos y a otros países y dijeron, “Ese chiste me lo dijo un villalbeño”. Acaso usted no se acuerda cuando Machuchal en 1971 dijo, “Ah, caray, llegue a Villalba”. Sin remedio todos empezaron a reír. Y cuando Shorty Castro se perdió en la plaza y Yabucoa lo cogió del brazo y lo llevó al cuartel, y dijo: “Encontré este nene perdío en el pueblo”. Shorty lo miró desde el piso enojado. ¿Usted no se acuerda de ese incidente en 1977?

Es que hay chistes que son graciosos, otros son crueles, y otros que no dan risa, sino pena por el que los dice. Hay quienes hacen chistes en Villalba, que la gente se ríe un año después, estoy seguro que conoce algunos. Y hay otros villalbeños, y usted los conoce, que de verlos nada más ya usted está riéndose. Es que en Villalba inventaron reírse.

Los villalbeños nacen riéndose. En los tiempos de las guácaras cuando las comadronas los sacaban de...allá ‘bajo decían, “Qué nena tan linda se parece a la Chilindrina”. Luego le decían, “Ma...má; ma...má...” , a los dos años dicen, “¡Mamá!”. Y a los cinco la mandan a callar.

Pero más reciente las cosas ‘cambearon’, y llegaron los ginequeólogos, y empezaron a guisar con los seguros, y las visitas médicas todos los meses. Las comadronas no cobraban un chavo prieto. Y la única visita era sacar al ‘chistosito acabao’ de nacer’.

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Volviendo a los chistes y dejando el chisme. Aunque la plaza es el corazón de escuchar los mejores chistes del mundo, también puede oírlos en un baile, en un restaurante, en las tiendas, en el supermercado, en la farmacia, en el trabajo, y hasta en un velorio. Los villalbeños son tan chistosos que hasta en los velorios se ríen. En las escuelas los maestros hacen chistes, y en la iglesia el cura hace chistes.

No todos los chistes ni los mejores chistosos son de Villalba, pero nunca diga que nadie en Villalba lo ha hecho reír. Es cierto que no todos los chistes son de Villalba porque está el chiste inventao’ y el que es copiao’. Pero trate de inventar usted un chiste que no haga reír a nadie. Intente hacer un chiste que la gente llore.

Pero cuando el chiste es inventao’ en Villalba sale del corazón, y cuando es copiao’, que alguien lo trajo, de otro sitio, siempre le pone el sazón como si fuera de aquí. No dude que muchos chistes fueron plagiados de algún villalbeño.

De verdad que los humoristas, llamados chistosos, se apoderan de los chistes que no son de ellos. Y usted conoce a algunos. Alguien dice un chiste en grupo, y uno de los que estuvo en el grupo dice el mismo chiste en otra ocasión.

¿Tengo razón o la tengo? Lea la pregunta otra vez, verdad que no es lo mismo que leyó primero. Porque los villalbeños somos creativos. Estoy seguro que la primera vez leyó: ¿Tengo razón o no la tengo?

Es que los chistes de Villalba son pegajosos, y gustan tanto que la gente los repite, y cuando se van pa’ Estados Unidos, antes de saludar dicen chistes que oyeron en Villalba. Y los villalbeños que van de vacaciones a EU se pasan haciendo chistes. Y los chistes se riegan hasta en inglish. Y llegan a otros países. Y en aquellos países los dicen como si fueran chistes del país, porque muchos de los que oyen los chistes nunca los oyeron en Villalba. No saben que son chistes exportados de Villalba.

Es importante que la gente sepa dónde queda Villalba, visiten y escuchen nuestros chistes. Así cuando regresan a su país y escuchan un chiste que escucharon en Villalba saben que el chiste es de Villalba. Esta pudiera ser una buena forma para recaudar fondos municipales. En vez de “El Pueblo de los Avancinos”, se le pone “El Pueblo de los Chistes”. Estoy seguro que hay gente en Villalba que ya se saben unos cuantos chistes, o han repetido la oración: “Eso es un Chiste”.

Como la economía está mala pudieran hacer un negocio de hacer chistes. La gente llega al quiosco, paga un $1 y usted le hace un chiste.

Si va por la carretera y el carro cae en un hoyo, qué dice. Si va al doctor y hay una fila de gente que llega a Ponce, qué dice. Si le cobran $500 de factura de agua en el tiempo de sequía, qué dice: “Eso es un chiste”. Pues ahí está.

Y la gente quiere reír, no quiere oir quejas. Que si el gobierno, que si la Junta, que si Trump... “¡Ah, ya eso es un chiste!”.

Saber reír no es fácil tampoco. Por esa razón se inventó el chiste en Villalba, porque en el pueblo había gente sin risa. Todo era seriedad. Entonces empezaron a llegar un montón de personajes para hacer reír a los villalbeños. Imagínense cuando llegó Claudino dijo: “Llegué yo”. Y todo el mundo cuando lo veía empezaba a reírse y empezaron a repetir “llegué yo”. Cuando llegó Panita dijo, “Por aquí me voy”, y se iba riéndose, y decían “Se fue Panita”.

Así que cuando alguien le diga algo que no le gusta dígale: “Deja el chiste”.