Policía
Category: Vida Social

Por: Juan “Bertin” Negrón Ocasio

supermercado

Juan Bertin Negron OcasioAyer me fui a buscar un galón de leche. Tuve que caminar todo el supermercado, hasta las sínsoras, para encontrarlo. La ponen a lo último para que uno de vueltas, pase entre las góndolas, y agarre artículos y mercancías que no fue a comprar. Al llegar a la registradora, tenía casi lleno un carrito de compras que encontré a la entrada. No entiendo porque ponen la leche, el pan, y la mantequilla, y los huevos, y el... al final de la tienda.

Cuan llegué a la registradora era cerca de las 6:00 PM, tocaba el hambre la puerta del estómago, y metido en la fila frente mío gente inoportuna...“con el permiso, con
el permiso”...alargo el brazo y agarro un M&M, un Snickers, y un Kit-Kat, “para el camino, usted entiende”, le dije a la señora que me miró como si estuviera asustada.

“No sé por qué tienen tantos dulces exactamente aquí”, le protesté. Esta vez me ignoró.

Y como que oí al que estaba al lado decirme, “todo en los supermercados está colocado en el lugar exacto con un propósito”. Cuando regresé, frente de mi carrito
había tres colaos, “¿Y mi carrito? ¿A dónde está?”

–¿Señor, usted está en fila o vino a discutir con los clientes? –Preguntó una jovencita más bajita que yo, pero con un uniforme azul que la agigantaba.

–¡Olvídelo! –Respondí. Y me fui en busca del autocar, como le llaman los cocorocos del negocio de ventas.

No soy el único en el mundo que se queja. Y no es que sea averiguao, pero el domingo, vi por la ventana que la vecina se montó en el carro nuevo que compró en estos días, y se llevó a los nietos y una nieta. Ella le dice la querendona de la familia, ¡ay suus! Pasaron exactamente 3 horas y 14 minutos, cuando la oí llegar. Siempre toca la bendita bocina.

Regresó con la moña pará’. Me hice el loco y salí como estirándome el cuerpo un poco. Alcé los pies, doblé las rodillas y volví alzarme. “Hola”. Dije de reojo curioso qué era lo que había comprado. En este país la gente sale a comprar unas cositas y llegan como si el mundo se acaba ya mismo.

otro anuncio Bertin

Sin saludar refunfuñó hacia mí, como si yo fuera el departamento de quejas,

–Yo no sé por qué rayos ponen todos los cereales melados cerca del piso donde los muchachos estos los ven y quieren agarrarlos. A veces creo que lo hacen a propósito. (Me dijo gritando.) ¿Por qué los vegetales están altos? Y por qué todas las chucherías en el mismo lugar: papitas, sodas, escups y salsita, queso derretido...Y ya me he estado dando cuenta que los precios son más altos a principio
de mes. Los especiales los tiran a mitad de mes...hoy pagué el doble de lo que cuesta este paquete de costillas. –Se desgalilló, levantando las costillas congeladas de los cerdos que ejecutaron.

Al parecer tenía coraje con los organizadores de productos de los supermercados. Y siguió con el bochinche que me era insoportable seguir escuchándolo con sumo cuidado.

–Y, para completar, esperando en fila, tenían las manos estibadas con Chiclets, paletas, dulces, y cuanta cosa les gusta. “Abuelita quiero mentos, abuelita quiero esto, abuelita quiero aquello”. (Me dijo que le decían los niños.) Da vergüenza, porque si le dices que no, entonces se tiran al piso. Y no lloran bajito, empiezan a berrear como cabras. (Acabó desahogándose.) Se les pega el tantrum americano igual que a Trump con el maldito muro.

Luego continuó, como para que yo le prestara más atención, y no es que yo estaba pendiente, pero por educación me quedé escuchando toditito lo que quería decir.

–Entonces di la vuelta buscando un básquet y no encontré ninguno. Sólo tenían carritos de compra grandototes, más grandes que un barco. De los diez encargos que fui a buscar traje sólo cinco, y más de 20 que no fui a comprar. ¿Cómo es posible que ya no tengan carritos pequeños como antes? –Desahogó.

Yo estaba mudo, pero ella fue la que siguió con su bamboleo de quejas, y yo por cortesía, como no tenía nada que hacer, la escuchaba prestándole oído atento.

–Entonces, en la misma entrada, cuando uno entra le llega al alma ese olorcito a comida. ¡Qué poca vergüenza! ¿Y a quién no le da hambre el olor a carne frita? Se me salieron las babas, y se me abrió el apetito. Quién cocina hoy, si ya me harté.

Me dijo mirándome, como para que yo le prestara más atención. Y la escuché hasta que se perdió adentro de su casa.

Entré y me senté frente al TV a ver el chou del mediodía, y en ese momentodieron los anuncios de berguerkín, mekdanols. Y lo que empezaba el programa, me fui a la cocina...abrí la nevera agarré una botella de soda, tiré media bolsa de papitas en un plato, galletitas riz y queso olandés. Y me senté a ver las boberías del día.