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Category: Vida Social

Por Juan “Bertin” Negrón Ocasio

Es un derecho universal dormir en paz.

waking up

El lunes después de descansar todo el fin de semana me levanté azorao a las doce del mediodía culpa de un rayo radiante del sol que estaba rabioso en la mañana. Se entremetió como lanza indígena por un boquete que tenía la cortina.

Hace meses le dije a la mujer que la cociera, pero parece que se le perdió la aguja o cayó en un pajal o el hilo se fue volando con una chiringa.

Cuando menos lo esperaba, en la serenidad del plácido sueñito rico y profundo mañanero, aparecía el láser brillante directamente sobre mi cara.

En estos días viré la cama al revés, pero nacarile, tuve que usar la almohada de escudo como soldado romano. La moví hacia la esquina y parece que buscó el reflejo del espejo del buró y me daba triple espiga con la flama de fuego del cristal de la ventana.

Para mí sin dudas era una confabulación entre el sol, la cortina y el espejo, y quizá la mujer. Así comencé una ardua batalla contra los tres antagonistas

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Déjeme contarle que mis mejores días de sueños matutinos son los que no llueve. El ruido del gotereo de lluvia que a tanta gente le gusta para acostarse a dormir a mí me mortifica. Si no hay un mutismo absoluto, no duermo. A las tres de la mañana estoy contándole este relato. ¿Por qué usted cree? Afuera hay un aguacero torrencial. ¡Escúchelo! Lo detesto porque me desvela cuando quiero dormir. Los sueños sueños no son cuando no se duerme en armonía angelical.

Es un derecho universal dormir en paz.

La batalla esa la solucioné hace unos días y los insomnios que llevaba por la intranquilidad después de tres semanas de guerra perpetua. Le hice un moño, como el que usaba Paloma, a la desquiciada cortina que parecía reírse en connubio con el sol, que también se eslembaba como un mismo girasol amarillo. Se lo torcí con un pinche de amarrar ropa lavada en una cuerda. Esos que se usan para que el viento no se la mande al vecino. Sin embargo, tan sólo pocos días me duró la serenidad.

Pensé pensando bien pensativo que eran manías incontrolables de esas que tienen los veteranos de guerra y por un esplit secon se me ocurrió ir a ver al psicólogo, pero quedé profundamente preocupado en los 150 toletes que cobra Tito. Fue entonces reflexionando en la pelambrera que nos apresa decidí batallar con este nuevo enemigo moderno que torturaba mis sueños mañaneros.

-Buen día, cómo está. ¿Qué hacen?

-Aquí tengo una certificación gubernamental y una de Autoridad de Acueductos y Alcantarillados y un permiso de la oficina de construcción y del munici...

-Para, para, para...Que estás dando mucha lata sin decirme nada, ¡qué rayos hacen! Llegaron a las seis de la mañana y lo único que oigo es un cuchicheo, chismerías, vacilón y bochinche, risitas jaraneras. Llevan más de una hora en esa.

-Estábamos esperando hasta las siete para empezar...

-¡Qué!

-Señor, usted le puso un complein al municipio que la presión del agua es floja.- Me reprochó.

-Eso hace tres años, yo no tengo agua hace dos meses...- Le aclaré.

-Mi cumplimiento es cumplir.

-Y el mío defender mi sueño. Vamos a ver, cuánto tiempo se tardan.

-Depende, puede ser tres días, tres semanas, como tres meses dependiendo si encontramos el problema, cuál es problema y si tenemos equipo y materiales para arreglar el problema.

-Oye, hazte un favor, recoge la pala, el pico y ese canto ‘e pan que tiraste ahí, y vete.
Me conformé porque me pareció que resolví el problema sin problemas aparte del intercambio abrupto de palabras. Pero las palabras se las lleva el viento.

El jueves por la mañana más temprano que el lunes arranca una grúa una guerra atómica con la brea de la carretera frente ‘e mi casa, se oye la turbulencia, siento un terremoto en la cama que estremece toda la casa, oigo la tiradera de palas y los picotazos contra la calle y el cemento, y la gritería “allí”, “no, acá”, “rompe aquí”, “no, rompe allá mejor”, “baja, baja, baja la palanca”, “decídete, aquí o allá”...

Mientras tanto yo me encuevaba debajo de diez almohadas, zambuí debajo del mattress, debajo de la cama, tiré la colcha adentro del closet...pero nada.

Me levanté y busqué ocho pelotas de algodón super size y me las puse en los oídos, pero el ruido era insoportable.

Hace días que no veo a nadie por aquí y hay un silencio angelical, y también frente ‘e mi casa dejaron un precipicio de 15 pies de profundidad que el que caiga hay que sacarlo con un helicóptero.

El agua se evaporizó, sin regresar. Llegan cada rato notificaciones de cuanto debo y llamadas de cuando voy a pagar.

Hacían semanas que no recogía la correspondencia. Hoy decidí ir al correo. En una de las misivas de Acueductos indican que, precisamente hoy, venían a desconectarme el servicio de agua por falta de pagos.

Llego a mi casa y los llamo con suma contentura.

-Buenos días. Le habla Friquitín de Barrio Seco. Antes de comenzar, déjeme aclararle que esta llamada puede ser monitoreada, grabada, y usada en su contra. En qué puedo servirle.

-Saludos Friquitín, le habla Bertin, cómo está usted y la familia.

-Bien. Gracias. Dígame.

-No, nada, solamente quería asegurarme si venían hoy a cortar el servicio de agua.

-Por qué, piensa hacer un paguito, para evitar las inconveniencias de tener que venir aquí a las oficinas a esperar en fila todo el día, mire que no hay aire acondicionado ni agua fría, y luego tendrá que llenar unos formularios para reestablecer el servicio.

-No, no, no. Estoy sumamente complacido en que vengan. Saben cómo llegar aquí.

-No se preocupe que llegamos hasta a caballo.

Gracias, los espero para mostrarle donde está el contador...

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