Policía
Category: Vida Social

Por Juan “Bertin” Negrón Ocasio

Recordando a Chiqui Marrero.
¡Te extrañamos!

Plaza Publica Villalba

Esta semana pasada, o la que pasó, no me acuerdo cuando fue la que pasé en Villalba pero fue una semana de las pasadas. Si alguien se acuerda que me escriba y me lo acuerden, especialmente aquellos que me cachetearon y jamás los volví a ver.

Millito fue uno de ellos que estuvo allí en El Punto de Héctor Núñez en Hatillo una noche de bohemia en que cantaron las rancheras del Gallito de Manatí que más le gustan, pero no se acuerda porque se le olvidó.

Bueno, lo gracioso es que los villalbeños tenemos esa buena costumbre de acordarnos de lo que sólo nos conviene. Yo soy una excepción. Por mi parte yo nunca me acuerdo a quien le debo. Si me prestaron, lo siento. Se me olvidó hasta quién eres. Si te veo ni me acuerdo y si me acuerdo no te conozco.

Cuando Radamés llegó y pidió fiao, en el negocio de Freddy, cerca de la guinda de Palmarejo, le sacaron un testamento más largo que las defunciones del cementerio viejo.

-¡Yo lo apunté y aquí está tu firma!- le aseguró Freddy.

-No me acuerdo, así que como no me acuerdo no puedo pagarte lo que se me olvidó. Pero no te preocupes, apúntame ahí un paquete de 12 frías, un litro y unas cuantas latitas de salchichas, y te pago la semana de arriba...o la de más arriba, si me acuerdo.

Centro Ahorros

Nadie tiene mejor gusto que los villalbeños. Disfrutan lo mejor y son disímiles en lo que hacen.

Son incrédulos pero seguros de sí mismos. No hay en el mundo quien les gane en lo que no saben si discuten y saben más que los que no saben.

Eso es así y nadie lo porfía ni en una corte marcial. Y el que lo discute pierde porque nadie sabe más que los avancinos.

En Villalba viven más de 25 mil personas y en la isla más de 3 millones. Resulta que hemos creado lo genial de la incredulidad. Llega un desconocido y lo conocemos desde hace tiempo. Es más, lo conocemos antes de llegar. Y lo confrontamos con nuestra peculiar idiosincrasia.

-¿Tú no eres de aquí, verdad?

Sorprendido el forastero lo confirma.

-No. Estoy de visita. Vine a ver unos familiares.

-Sí, lo sabía porque no tienes cara conocida.

No hay gente que disfrute más la vida que los villalbeños. Desde Cerro Gordo hasta La Ortiga y desde Romero hasta la Julita. A donde quiera que llegan saludan serios. Si nadie los saluda, son diplomáticos y buscan una conversación. Se ríen y disimulan que están riéndose, para que nadie crea que no saben hacer chistes, y los que hacen chistes no saben que inventaron la gracia.

Los villalbeños son chistosos. Inventaron el arte de hacer chistes. El villalbeño que no sepa un chiste no puede decir que es villalbeño porque corre el riesgo de perder la ciudadanía villalbeña que está en la constitución avancina que firmó el Honorable Ramón Negrón Rivera en 1969.

Si no lo creen vayan a la alcaldía y soliciten una copia original.

Los gustos de los villalbeños son más divertidos que lavar ropa en el río porque es que inventaron el melao, aunque nadie lo crea. Es el villalbeño un avancino en todas sus formas dulce (y que nadie se equivoque, que conste, me refiero a la población en general. Y, para confirmarlo, las villalbeñas son mermeladas andantes.)

Los villalbeños inventaron la electricidad, pero no la tienen. Tienen el embalse más grande de las Antillas, pero se le va el agua. ¿Por qué? Porque el villalbeño no tiene nada. Da todo lo que tiene sin saber a quién, sin reproche. Es un filántropo en todas sus dimensiones.

Te invitan a su casa y te ofrecen todo lo que tienen y si no lo tienen lo mandan a buscar. La hospitalidad del villalbeño es morrocotuda, o sea, portentosa. No se equivoque.

Si el mundo fuese como los villalbeños son, que ven al mundo en armonía, el mundo fuese como una canción de amor interpretada por Chele y su Trío Voces de Hoy.

Son políticos ingenuos sin saber de política y discuten hasta que no pierden. Y si pierden, en lo que sea, juran que ganaron porque nunca saben perder ni siquiera en la derrota.

Si el equipo de béisbol de los ganduleros pierde contra los Cariduros alegan que fue porque el pitcher tenía cara de feo. Si pierden 1-0 justifican:

-¡Ah, solamente perdimos por una carrera!

Lo que sucede es que nosotros los villalbeños no sabemos darnos por vencido, y si hay persona con quien podemos confirmarlo tendríamos que buscar a Testo que no pierde una ni pal caraj...

Quizá Chiqui Marrero fue el Maestro de los Maestros del nunca perder. Chiqui discutía perdiendo y el ganador siempre perdía porque terminaba pagándole todos los rounds en El Maguey. Cuando se escriba un libro del debate de cómo ganar una discusión perdiendo, en la portada hay que ponerle por obligación la foto de Chiqui.

Y como Magú, abogado al fin, de proferir el debate lógico de morir antes que perder una discusión política, quizá mejor es apelar a la prestidigitación, o sea, al tejemaneje.

El villalbeño tiene unas simpatías que nadie en el mundo tiene. Se levanta cuando cae y si cae es para sentarse.

Es que es el villalbeño en realidad es el único ser viviente en el universo que nunca pierde cuando gana.