Policía
Category: Vida Social

Por Juan “Bertin” Negrón Ocasio

A Jossean Santiago, Nelson Pomales y a Pedro Berríos:
profesores dignos de retiro, quienes esperan con ansias
el viernes para descansar el fin de semana.

viernes karaoke

Juan Bertin Negron OcasioLlegó el ombliguito de la semana y el día antes de ayer me había despeluzado de la ansiedad del día que llegaría después del domingo. La delicia de hoy miércoles llega porque estamos en espera de la víspera para que llegue pasado mañana. Hay gente que espera el viernes para que llegue el sábado. Y el sábado se levantan calumniando al viernes, rogándoles al cuerpo un buen asopao. Pero son más los que esperan el jueves con grandes esperanzas que llegue su día favorito antes del sábado.

Pero es que la tortura de la llegada del lunes durante todo el día del domingo desvanece con la llegada del martes cuando en realidad comienza a apreciarse la fe que se dejó con plegarias de rodillas en la iglesia. “¡Oh, Dios poderoso que llegue el viernes!” Suplican.

Quienes pierden la creencia de la llegada con el tiempo la vuelven a recuperar cuando se le da el milagro. Los incrédulos nunca viven en armonía porque no creen que con el tiempo se sanan las incertidumbres. Creen mucho, dudando poco, cuando comienza la semana que en algún momento llegará el viernes. Jamás creen que llegará. Son incrédulos de verdad.

Y es que pierden la fe los domingos, irónicamente, porque no quieren que llegue el lunes.

-Qué no llegue el lunes. -Invocan de rodillas y prenden las doce velas.

Eran las 3 de la tarde, hora más larga del día. Nadie podía creerlo, pero ya había pasado lo peor, el lunes. Para quienes no creerían que llegaba, llegó.

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Ya dentro de...llegará el viernes. La amargura era la espera mirando de reojo el reloj.

-¿Qué hora es? -Preguntan alegres con ojos de tristeza.

-Un poquito más para que llegue horita. Le repugnan las que más saben.

El plan estaba talao, no había que buscar más na’. El domingo entristecieron cuando gritaron: ¡Mañana es lunes! Pero llegó el martes y ya pasó la amargura del lunes. Al lado allá del ayuntamiento estaba ella calentando las cuerdas vocales, “Alalalaeee, alalailoelalaaaa...”.

La esperaban. Ella lo sabía y estaba ansiosa por llegar.

-¡Oye, te puedes callar! Escucha una voz que le recuerda las fantasías de la vida.

Se mira en el espejo mientras se peina, ve una cana, se la arranca, se mira el ombligo, lo acaricia y olvida las penas de las chuletas fritas. Se tira en la cama de espaldas y hace el esfuerzo súper-humano de penetrar en la poca tela de los jeans el pasado de su cuerpo, se pierde en la existencia de vivir. Ríe. Goza. Olvida.

Vive el viernes.

No eran siquiera las 7 de la mañana ese mismo día cuando él, noble profesor retirado, quien quizá en alguna otra vida dejó las quimeras, aunque todavía no ha perdido la costumbre de dar cátedras, se levantó pensando en el viernes social.

-Qué rico llegó mi día. -Se dijo, pensando, mientras se afeitaba varias hebras multicolores que tenía alrededor de los cachetes. Se acordó de “Flor sin retoño” y “Serenata Huasteca” de Pedro Infante. Canciones que nadie nunca ha oído. Entonó “Las mañanitas” y se olvidó de las penas de los demás. Se miró con los ojos contentos, miró su instante y con sumo cuidado pensó afeitarse, luego ir al barbero. Aunque de verdad no entendía para qué servía la navaja. Era, pues, la costumbre.

Inma, seguía la tradición de Bobó y de Carlos Algarín, los famosos corta pelos del pueblo, además de darle una afeitada al coco del cliente, era un conversador. Allí se sabían los bochinches menos esperados, aún sabiéndose, los clientes decían:

-De verdad, ay madre, mira si no me lo dices nunca lo sé.

-Te haces el muerto para que te carguen. -Responde Inma.

Asi le dicen, pero es Ismael de pila. En Villalba se prohíbe la s.

En verdad a los villalbeños les cautiva hacerse los que no saben para enterarse de otros detalles. Es parte de la ley universal del bochinche. Los viernes en el ayuntamiento más sabroso del país se desbordaban planes para llegar hasta donde estaba el ‘culeo’, forma sarcástica de llamar al baile en los ’70, y que en los ‘80 le llamarían ‘menear la colita’ y ahora le dicen ‘rapeo’, creo, porque hace más de tres décadas que ni culeo ni meneo la colita ni rapeo.

De todos modos, todos los caminos señalaban hacia múltiples lugares de gozadera villalbeña.

-¿Pa’ dónde vamoh? -Gritó el más que sabe antes de montarse al carro del que lo esperaba.

Llevaba los rayos del sol sobre los zapatos negros. Un guanín de oro colgándole del cuello, los jeans Kelvin Klein, y una camisa ordenada de ‘Untuckit’ de la ciudad de los rascacielos. Hacía un esfuerzo sobrenatural de imitar a Héctor La Voe con su voz al tomar el micrófono del Karaoke en Anacagüita. Le gritan, “otra, otra, otra...”. Les sonríe y zumba otra con estilo inusitado.

-¡Mi gente! -Les grita y comienza con voz sonora a cantar canciones de salsa clásica.

En la Metroni se tiran por las ventanas a las 5pm exacta persiguiendo a Angel que no se pierde un bembé. El revolú de gente se pelea por los escalones de la escalera de Borinquen. Montándose en los carros, chillan gomas hasta llegar a La Ricota. Allí en la 149 a las 6 en punto comienza la música, esperando a la otra Brendaliz, y se comienza a menear la colita antes de las 9. Llegaron para el ‘rapeo’, se saludaron, y los esperaba el mismo de siempre, él, que pudiera ser cualquiera de los que llegaron, dándole abrazos hasta al viento. Perfumado con el coco sin pelo recortado, brilloso.

Cayó el silencio y la noche despertó la sonoridad del romanticismo. No era aquel mejicano de épocas remotas que nadie recuerda, si no las notas de Camilo Sesto o Sandro en la voz sentimental del Pit. Se entre mezclan aquellas canciones que se cantaban antes, que todos recuerdan yéndose con el tiempo.

Tiempos distintos de nuestra época, caraj.

¡Llegó el viernes! ¡Llegó el viernes! El mismo viernes distinto de todas las semanas iguales de los mismos lugares diferentes. Con gente que no cambia por ningún otro lugar al pueblo de Villalba.

Miraba el reloj molesto y veía la hora que no debía ser para irme. Quería llegar a donde antes llegué. Adonde duerme en silencio el sereno, y el coquí enamora la luna llena. Escuchaba el sonido de las bocinas y retumbaba al Barrio Romero el Diyei Chino.

Escandalizaba con los sonidos del jolgorio al sosiego. Lo que todos querían, lo que anhelaban, lo que siempre esperaron. Desapareció la Cumbre, Toa Vaca y Vista Alegre, pero llegaron otros rincones del recuerdo. Los retornó un tal Luisito con su voz romántica haciendo olvidar los recuerdos del futuro. Recordándoles a todos vivir el presente. Se levantó la gente. Gritaban. Somos un pueblo diferente. Somos gente.

Se alborotó el pueblo de Villalba, porque somos como todos los ‘Locos Adams’ del universo que muchos recuerdan y pocos olvidan.

-¡Brinca Yún, brinca, brinca Yún brinca!

Les gritan y lo animan pensando en el milagro que les alegra la vida y sin importarle nada Yún brinca. Brinca más alto que un canguro gozando el vacilón. Así son los villalbeños.

-¡Gracias a Dios que llegó el viernes a Villalba!

-Gracias Dios mío que llegó el viernes...

Sábado a medio día mitad del pueblo se desprende acaparado en tropel hasta un kiosko frente a Valle Verde para comerse un caldo de gallina vieja.

-¡Qué saque este ratón del viernes! Ruegan a coro. Gritando.