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Por Juan “Bertin” Negrón Ocasio

Hillary Clinton, como mujer, está batallando en contra del machismo norteamericano.

Hillary-Clinton

Juan Negron OcasioEl primer país latinoamericano en aprobar el voto femenino fue Ecuador, en 1929. La primera mujer electa presidenta en el mundo moderno lo fue Khertek Amyrbitovna Anchimaa-Toka en la República Popular de Tannu Tuvá (1940-1944), hoy conocida formalmente como Tuvá dentro de la Federación Rusa. En América Latina Isabel Perón fue la primera mujer Presidenta (Argentina, 1974). Después de Anchimaa-Toka han sido electas, hasta junio, 2016, cincuenta y nueve mujeres alrededor del mundo. Para sorpresa de muchos, la primera mujer en liderar las órdenes ejecutivas de la Casa Blanca de EEUU lo fue Edith Wilson, esposa del Presidente Woodrow Wilson. Un derrame cerebral masivo causó que el Presidente Wilson estuviera incapacitado por 17 meses. Durante ese tiempo su esposa fue la presidenta de facto (1919-1920). Para ese tiempo la Constitución de EEUU no especificaba quién debía tomar el mando de no estar disponible el presidente. El segundo “en mando” lo era Thomas R. Marshall, pero rehusó ser presidente interino por miedo a que lo asesinaran. Así que la mujer de Woodrow Wilson, Edith, fue la que se puso los pantalones y lideró al país.

Sin embargo, de las naciones adelantadas, llámenles potencias, incluyendo a USA, la mujer y otros grupos son increíblemente discriminados. En el Congreso de EEUU la mujer, el 50% de la población, solamente tiene 19% de representación; los afroamericanos constituyen el 15% de la población y tienen 9% en el Congreso; los hispanos/latinos son el 17% de la población, pero sólo tienen 3 representantes. Sería ideal que estos “grupos” desempeñen mejores decisiones y elijan o voten por “políticos” que los representen, pero no es tan fácil tampoco. Los gastos de campañas presidenciales para estas elecciones son exorbitantes, solamente entre Hillary Clinton y Donald Trump, llegan cerca de 2 billones de dólares, y hay 26 candidatos en la lucha en papeletas o sin papeletas. Las mujeres, los afroamericanos y los latinos, podría decirse están en desventaja porque en realidad el sistema político está gobernado por los ricos y la inmensa mayoría son anglosajones.

BA Centro-de-Inspeccin-El-PinoEn cuanto a si la primera mujer será electa en EEUU en estas elecciones presidenciales, no existe duda que así debería ser porque en la práctica EEUU no ha ratificado los derechos absolutos de la mujer nacionalmente ni dentro de la política internacional. Para demostrar que ha superado “esos obstáculos sociales” que tanto critica a otras naciones, en especial a los del Medio Oriente tiene que sobrepasar la barrera de la discriminación en contra de la mujer. Hasta el 2013, 187 países ratificaron la CEDAW. Este Comité Internacional se reúne cada 4 años. Los Estados Unidos, Irán, Palaos, Somalia, Sudán, Sudán del Sur y Tonga no habían ratificado la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW siglas en inglés). Todos los países hispanos de Latinoamérica y el Caribe han ratificado CEDAW. En EEUU todavía la mujer batalla contra violaciones sexuales, derechos civiles, y abusos domésticos. En 2014, el Departamento del Trabajo, encontró que en todos los estados la mujer gana .78¢ comparado con $1.00 por los hombres. Increíble es lo siguiente: las mujeres afroamericanas ganan .64¢, y las latinas .56¢ comparadas con el salario por dólar de los hombres.

Hillary Clinton, como mujer, aunque su historial no sea el más generoso, está batallando aunque la prensa norteamericana no lo pública así, en contra del machismo norteamericano. Constantemente se ha visto durante toda su campaña en la defensiva batallando contra un sistema manipulador. El 90% de los “breaking news” en todos los medios están dirigidos a Donald Trump. Indiscutiblemente, si son buenas o malas noticias, si quisieran llamarles así, en política es propaganda gratuita. En estas elecciones Trump es el que representa a esa élite del sistema opresor, y manipulador machista. La negación de sus “actos sexuales” impropios, demostrado por medio de grabaciones y por las acusaciones de 11 mujeres en su contra y los insultos denigrantes contra Hillary Clinton es la perfecta carta de identificación del malhechor y el representante legal de la supremacía racista de EEUU.

Numerosas naciones, pequeñas y grandes alrededor del mundo, han demostrado confianza en el liderazgo de la mujer. Han reconocido su inteligencia y su audacia, y la capacidad para gobernar y liderar a un país. El sistema político de EEUU está ante una trinchera histórica y tiene ante sí la obligación moral de imponer su transcendencia democrática. De no elegirse a Hillary Clinton, como la primera mujer presidente de Estados Unidos de Norteamérica por medio del sufragio electoral, sería el comienzo del fin de su hegemonía política en el mundo, y se encaminaría de lleno a un sistema fascista.