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Historias de Villalba

Category: Historias de Villalba

Por Juan “Bertin” Negrón Ocasio
Es difícil olvidar lo que se recuerda.

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Juan Bertin Negron OcasioHISTORIAS DE VILLALBA - La naturaleza humana es simple lo complicado es humanizar la naturaleza. Que no es lo mismo ni se deletrea igual. De tanto que intentamos hacerlo logramos convertirnos en víctimas de lo que no debe ser, pero siempre recordar es bueno. Los que cogen fiao son los que tienen mala memoria. Padecen de amnesia como los borrachitos.

Todavía quedan algunos con buena memoria. Recuerdan lo de ellos y lo que no es de ellos. Después que recuerden a los ilustres villalbeños no hay problema. Quedamos con Don Paz en la tierra y en el cielo con Doña Gloria. Pero en todo caso el que argumente en contra de las leyes que se nos imponen involuntariamente olvida, no recuerda, que hace como el cangrejo. Los más se esfuerzan por vivir a plenitud dentro de las condiciones a las que se sometieron y luego hacen como el salmón.

Sin cuentas resumidas el día de los sucesos que ahora nos corresponde inmortalizar estaba claro. Cerca de las siete de la mañana debió ser. El sol estaba más alumbrante que un quinqué de noche en casa de campo. Llegaron todos, uno a uno, sin prisa, sin que nadie sospechara que llegarían todos al mismo tiempo, siempre lo hicieron así y ya no había quién cambiara esa forma de ser. La puerta Santísima estaba cerrada. Esperaban con prisa ninguna que alguien despertara y les atendiera. Por desconocer lo inaudito algunos rogaron que nunca abrieran con la esperanza de poder regresar por unos minutos, horas o días, posiblemente meses o años para pasarla un ratito más. Pero, nacarile, el camino hacia la Santa Trinidad no tiene vía contraria y los que se encaminan llegan sin remedio de perillas o a destiempo. El único que guio siempre en vía contraria fue Minio.

Por aquí subí y por aquí bajo. Fue filosofía de su vida. La demora que surgió fue a causa de la lentitud a paso de caracol, al parecer la vía no estaba pavimentada y el tapón era peor que los de Tierra Santa. Tomaron una nave que todos desconocían y que nadie tampoco quiere conocerla, y entre más se tarde mucho mejor. Para algunos nunca interesó si llegaba ayer, hoy o el próximo día, o dentro de un par de meses o años y entre más tardara, ese tren inoportuno que nos llega a todos sin gusto ni placer nunca esperado, mejor.

Lo curioso de la gracia fue que mientras esperaban por la gran bienvenida del Todopoderoso se juntaron amontonados en el mismo medio de la entrada del Templo, igual hacían en el cine de Nando Negrón cuando Mundito giraba las películas de Cantinflas, El Santo y cantantes mejicanos sin permitirle el paso a nadie más que no fuera uno de los grandes e ilustres villalbeños con virtudes y defectos, más defectos que virtudes o más virtudes que defectos de acuerdo quien juzga y dependiendo si todavía quedan gentes que les recuerdan. Santo el Bombo se paró al lado de San Agustín, lo miró con cara de huérfano y le dijo, no tiene una pesetita que me preste.
O sea, lo mismo que hacían en el correo, en la Parrocoop, en el Banco Popular, en la alcaldía, en la panadería, así mismo lo hicieron allá arriba...sube la cabeza por un instante, cierra los ojos, recuérdalos y piensa cómo fue.

Más que grandioso que el recibimiento fue los abrazos encontrados por aquellos que nunca se saludaban. No tuvieron remedio porque sin quejas ni espantos un poquito más arriba de las nubes eran igualitos sin pecados o con ellos ni con perezas o sin ellas. Alejo con un bloque de hielo en la espalda vio llegar a su compadre Dionisio con el carrito de piraguas. Hacían más de cincuenta años no se hablaban. Se abrazaron y empezaron a raspar y repartir gozosos piraguas.

Bueno, por lo menos desde la capilla se predicó y así todos aceptaron como buenos samaritanos, dependiendo, como juglares compueblanos. La cosa fue que llegaron al cielo pa’ quedarse y no había forma que San Pedro se los devolviera al alcalde ni a los familiares.

Pí, pí, pá, pá, llegó Pelón y se echaron pal lado al oir la corneta de la bicicleta. Panita llegó con un fracatán de bolsas. Le seguía con un poco de prisa 2y15. Boliche deslizó y se coló por la izquierda de Caballo Blanco, pero Paloma con el moño parao no permitió que nadie más se le colara. Entonces, Don Merced sacó la cinta métrica y empezó a medirlos a todos, se serenaron asustados, otros corrieron, luego se detuvieron dándose cuenta de la realidad. Pecado llegó con un vaso y Marcola lo miró con ojos de múcara. Yabucoa calmaba a Cachún porque se pasaba haciéndole monerías al Padre Rufolo quien estaba más serio que un chavoh e pan. Cachún, ya estás en el cielo, no se va a caer. Cálmate, plis. Dijo Rufolo con las manos atadas sobre el pecho mirando hacia la plaza pública.

Apareció Héctor Luis Díaz joguiando sudao con pantalones largos y detrás dél Sammy Cruz y otros atletas liderados por Carlos Báez. Chiqui Marrero insinuó una mirada de protesta interna de la picazón de Cholo El Pecoso quien junto a Fela no aguantaba la risa con su meneíto pero despegándose de Papo Cherry. ¿Tienen un cigarrillito? Nadie contestó. Allí no se fuma. Miró a Julia la Loca, pero ella mostró dos piedras, y se fue él con paso sandunguero junto a Ñón Ñón. Se encontraban filosofando sentados en dos latas de galletas Rovira, Claudino y Faisán. Vieron pasar como jet en camuflaje a Palomita. Bobó recortaba a Bubú y esperaba Pablo López con dos cajas de zapatos. Práxedes Luna irascible buscaba a los embrollones quienes se escondieron detrás del Altar. Panamá estaba desesperado buscando una caneca. Caminaba nervioso detrás de Chencho Capota. Don Colo declamaba poesías que nadie escuchaba mientras Tanaca dormía en una hamaca de algodón y Bombi impaciente esperaba que se levantara.

Apareció Julio Vianda plácido en una guagua amarilla con aros magnesios y cristales oscuros. Salió Geño el fotógrafo, Gudo raspando los pies y Layo Díaz; detrás las comadronas del pueblo Isabel de la Barriada de los Perros, Malén de Tierra Santa, María del Hoyo Vicioso y Sara de El Pino. Algunos de ustedes nacieron halados por esas manos piadosas. Den gracias.

Todos se levantaron asustados y se escondieron detrás de San Pedro al llegar inesperado el Santo Padre. En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Todos se persignaron y se arrodillaron besando con los labios las nubes blancas. ¿Qué hace tanta gente aquí a la misma vez?, preguntó el Santo Padre Misericordioso, ¿y todos de Villalba? Reconoció a los alcaldes y les tiró una guiñada traviesa. Ellos bajaron la cabeza para no mostrar las risas. Miraron apuntando hacia abajo y el Don Divino ignoró la consulta. Ah, no, yo no sé no. Embromó en pleno júbilo humorístico Juan de Dios.

Contemplando el desvarío humorístico y al ver que todos agrupados estaban en armonía la Gran Divinidad Celestial roció con agua bendita las flores gloriosas del pueblo de Villalba. Alegan los que saben que en mayo siempre llueve intensamente porque inmigran hacia nosotros recuerdos sublimes de tantos ilustres villalbeños y deslizándose desde las montañas con bellas vivezas cristalinas se dispersan por el corazón de nuestros hogares.

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